3066

{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}

Un mal día

La taberna de Manuela

Aquella mañana Manuela estaba nerviosa. Apenas pudo cerrar durante la pasada noche los ojos pensando en la decisión que había adoptado Lucía que, por cierto, aún no ha pasado por la taberna a por su primer café del día. Ramiro ojea las portadas de la prensa con los conceptos de “salvas y honores” dedicados a Suarez. “Me recuerda al Cid, Manuela, incluso después de muerto vence. Cuántos políticos están quedando con el culo al aire”. Le llama la atención un artículo publicado en Sport en el que se desvela la conversación, a priori amistosa, que mantuvieron Pepe y Messi durante el clásico. Pero si existe amistad en los campos, no era éste el caso. El artículo se excusa diciendo que “lo que pasa en un campo de fútbol queda en el campo” si bien hace gala de unas cuantas líneas para ridiculizar a Pepe y llevar a Messi a los altares y evitar así que lo que sucede en un campo, se quede en ese campo: “Lo que Pepe debía haber hecho es dar las gracias a Leo por coincidir con él en un terreno de juego y, tras el partido, pedir perdón por sus palabras y solicitar su camiseta para un día explicar a sus hijos que jugó frente al más grande de la historia. Pero el portugués pecó y blasfemó, haciendo el ridículo”, decía en uno de sus párrafos el artículo. “Al final alargan más el interés informativo del clásico que el fallecimiento de Suarez, piensa Ramiro”. “Esta noche te traigo un artículo Manuela”, exclama Ramiro mientras termina su café.


Manuela no sonríe esta vez. Sigue preocupada. Lucía no ha venido hoy a la Taberna, no responde ni a llamadas ni a mensajes.


Lucía sale del hotel pasadas las nueve de la mañana con 300 euros más en el bolso. Llegó a su cita puntual donde le esperaba Luis, aquel argentino educado y extraño que conoció el sábado por la noche. Lucía llama a la puerta de la habitación 303 y aquel hombre abre dedicándole una sonrisa de bienvenida. “Me alegra que estés aquí. Hoy has dado el paso tu”. Lucía no entiende a qué se refiere exactamente Luis, pero no pregunta y él no da más explicaciones. A las 2.30 de la mañana ambos duermen en la misma cama de matrimonio tras unas cuantas horas sumergidos en un sin fin de juegos. Cinco horas más tarde Lucía se despierta, se incorpora y se dirige a la ducha. Luis la observa desde la cama con los ojos clavados en ella, sin mediar palabra. Él se pone una bata mientras contempla cada paso de Lucía. Son las 8.30 horas y Lucía está vestida y arreglada, dispuesta para salir del hotel e ir a la oficina como si nada hubiera pasado. Luis mantiene la mirada en silencio. Lucía mira el reloj y habla: “No me has dado los 300 euros”. Luis sonríe: “Ves cómo esta vez has dado el primer paso tú. Ya eres una puta. Enhorabuena”. El rostro de Lucía se desdibuja. “Eres un cabrón de mierda”. Se da la vuelta con intención de irse. Luis la sujeta del brazo. Se acerca a su americana, saca un fajo de billetes, los cuenta y separa los 300 de Lucía. “No quiero tu puto dinero, déjame”. “Son tuyos, ese era el trato” mientras Luis mete los billetes en la chaqueta de Lucía. No se despiden, ni esbozan sonrisas cómplices. Lucía llama a la oficina, se excusa, coge un taxi y dicta la dirección de su casa. Se siente humillada y contrariada. Le ha dolido la reacción de Luis, pero necesita 300 euros, y más. Ve las llamadas y los mensajes de Manuela. No responde, no sabe cómo contarle todo. Apaga el móvil, llega a casa, paga al taxista, se tira encima de la cama. Su cabeza gira entre la humillación y la solución a alguna restricción económica. “No he hecho nada que no quisiera hacer. Luis está bien, es educado, me lo hubiera ‘tirado’ gratis, y encima gano pasta”, piensa Lucía. “Joder, no soy puta”. Lucía pasa todo el día en casa, aislada, con el móvil apagado y pensando en Luis. Mientras, miles de ciudadanos dedican su último adiós a Adolfo Suárez que es enterrado en la catedral de Ávila.


Manuela recoge y limpia la taberna. No hay clientes y son ya las 23.30 horas del martes. Ramiro regresa a casa y hace una parada en el local. “Te traigo el artículo, esta vez no es reportaje, es de opinión y ha ‘colao’”, exclama en un evidente gesto de victoria. “No sé si saldrá mañana o no, lo de Suárez lleva muchas páginas y no sé si entrará. Si no, se publicará el jueves”. “Gracias Ramiro, me tienes perfectamente informada”, responde Manuela sonriendo. “Ahora mismo lo leo”.

 


La mag(f)ia del fútbol

 
“Una rápida lectura por las crónicas y por la resaca de declaraciones e informaciones que dejó el clásico entre Real Madrid y Barcelona revela que estos partidos van mucho más allá que un mero encuentro deportivo. Analizando la jerga futbolística, pudiera parecer que hablamos de una organización mafiosa y no de dos de los mejores equipos de Europa. Sin entrar ya en conceptos que si bien pudieran tener una segunda lectura pero que son entendidos en el argot futbolístico (pena máxima p. e.), nos encontramos en la prensa y espacios de radio y televisión dedicados al deporte conceptos y términos como pisotón en la cabeza, teorías de conspiración, prostitución, dinero, deudas, comisiones, fraudes, maletines, agresiones, insultos, peleas e incluso en contadas ocasiones, algún muerto fruto de los encuentros de dos aficiones. Imaginen si se añade el término ‘pena máxima’ a continuación.


Y efectivamente, estamos hablando de fútbol. Es más, fijándonos ya en una perspectiva diferente, podríamos hablar de la trama de una serie más bien de tinte callejero, de bandas de barrio. Está el elenco de grandes actores secundarios y también los protagonistas, los cabecillas, aquellos que repetidamente se tiran en el área contraria, se enfrentan con la cabeza en posición de ariete al cabecilla de la otra banda, los que levantan las manos excusándose tras propinar una patada o un codazo. Y como toda buena serie, necesita de espectadores. Los hay de muchos tipos, afortunadamente existe un mayoritario grupo de ellos que aunque la serie adopte momentos tensos, se evaden de la trama fílmica y se concentran en el deporte o al menos, se conforman con dedicar unos cuantos exabruptos dialécticos al primer jugador que se acerca por banda. Pero hemos podido comprobar recientemente lanzamientos de certeros mecheros, gases lacrimógenos que obligan a desalojar estadios enteros y haciendo un rápido ejercicio de memoria, los hay que incluso han lanzado una cabeza de cochinillo a un terreno de juego. Por supuesto, el espectador tiene potestad para aplaudir, silbar o en términos taurinos, guardar silencio. Y el policía de la serie, evidentemente, el árbitro, que imparte justicia. Ah, y como en toda buena serie, las bandas deambulan por las calles (campos de fútbol) bajo el mando de los grandes de despacho.


Hablemos por tanto del fútbol en términos de justicia, con minúscula. Pasemos por encima el criterio del policía, que ante dos situaciones similares pueda determinar sanciones diferentes, ya que influye un factor importante como es el criterio personal. (Obviemos hablar en este apartado de las tan repetidas teorías de la conspiración). Recordemos aquí que existe algo llamado video con el que todos analizamos las jugadas instantes después de que ocurran, todos menos los policías de la serie. Aun así parece que se dan por aceptadas frases del tipo: ‘Se beneficia más a los grandes’, frase que picotea directamente sobre el significado del término justicia.


No analicemos ya que se enfrentan equipos con diferencias presupuestarias de 500 millones de euros, que el ego de muchos actores produce sarpullido, que desde luego es un espectáculo que como los desnudos en televisión, debiera programarse fuera de horario infantil y desde luego, que cada día es más difícil para cada vez más bolsillos españoles acceder a un capítulo de esta serie en directo. Con todo, quedan reductos, como aquella Galia de Asterix, que todavía puede definirse como deporte, incluso como fútbol”./@RobertoOrío desde 'Reportajeados'



Autor: Roberto Orío

Suscripción a la Newsletter Enviar