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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}
Todo está en 'Boss'
Corrupción política y estadísticas deportivas fueron siamesas en las páginas de la prensa de la pasada semana. Allí donde esperábamos encontrar al jugador con más minutos sobre la cancha hallábamos la comunidad autónoma con más casos de irregularidades políticas. Frente a la tabla de máximos anotadores aparecía el listado de partidos con más miembros imputados por corrupción y, junto a la relación de los mejores asistentes surgía la lista las mayores cantidades de dinero público sustraídas.
Por supuesto, los dosieres periodísticos también hacían referencia a clasificaciones consideradas menores, que si rebotes defensivos y ofensivos, pérdidas de balón o faltas cometidas.; es decir protección de los partidos a sus miembros acusados, ataque de los partidos a los miembros acusados de otras formaciones políticas, empresarios implicados o políticos imputados que cumplen condena en la cárcel.
Los reportajes apuntaban que en España un 95 por ciento de las ciudadanos desconfían de las intenciones de los partidos políticos y casi el mismo porcentaje –un 92 por ciento- considera lamentable y nefasta la lentitud de la Justicia a la hora de abordar asuntos relacionados con la corrupción política. Dieciséis años han tenido que pasar para que sentaran en el banquillo los altos cargo de Unió, responsables de la financiación ilegal de su organización.
Según los datos, España en su conjunto padece un bajo índice de corrupción, pero no es esa la percepción de los ciudadanos.
En ‘Boss’ está todo. La serie interpretada por Kelsey Grammer –Fresier, personaje del que se desembaraza antes de que concluyan los títulos de crédito de apertura- muestra los presumibles últimos coletazos del alcalde de Chicago, Tom Kane, a su equipo y a los diferentes agentes sociales y, sobre todo económicos, de la ciudad.
Kane ha tejido a lo largo de su tiempo en la Alcaldía una red de relaciones que sustenta desde los servicios básicos como la recogida de basuras a la asignación más o menos equilibrada de los contratos para desarrollar diferentes obras en la ciudad.
Sin desvelar la trama, conforme avanzamos por los capítulos descubrimos a un político que quiere permanecer en lo más alto, que compensa la fidelidad –no ideológica sino efectiva- de los líderes de opinión de cada barrio y de cada sector empresarial y, por el contrario, castiga sin piedad a quienes plantean alternativas. Opciones que, claro, en un futuro próximo pueden desalojarle del trono. La deslealtad -lo que Kane entiende por deslealtad- es penada de forma severa con independencia de que se trate de una asociación de barriada o del más cercano de sus colaboradores.
En ‘Boss’ aparece todo lo que la semana pasada describía la prensa en su radiografía sobre la corrupción. Irregularidades ideadas para medrar; irregularidades diseñadas para permanecer; irregularidades pensadas para sacar adelante un proyecto prometido -y así cumplir una promesa electoral y poder permanecer-; concejales de la oposición que conspiran a dos y tres bandas; periodistas silenciados; periodistas obsesionados en riesgo de perder el sentido de su objetivo… todo. Todo está en ‘Boss’ y, al menos, es ficción. Hasta con la corrupción se puede pasar un buen rato./Javi Muro
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