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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}

Old Trafford es un taconazo

Acudíamos al sofá con una cerveza en la mano y el recuerdo de un taconazo en la memoria; el de Redondo en Olf Trafford. Butaca de lujo frente al mejor estadio del mundo. Si todo –como dicen- resulta más interesante cuando te lo cuentan bien, con estilo, disfrutar de un partido de fútbol en un campo al que denominan el teatro de los sueños tiene que compartir sensaciones con viajar entre las páginas escritas por Shakespeare. Rivalidades, pasión, tensión, ¿traición?, amistad, victoria y derrota…


El Manchester United comenzó a jugar en Old Trafford –por entonces nuevo- en la temporada 1909-1910. Acababa de mudarse desde su viejo estadio de la calle Clyton, la calle del banco la llamaban. La inversión fue florentinoniana para la época. Nada menos que 60.000 libras. Tenía capacidad de 80.000 espectadores (entonces ubicados de pie) y había sido diseñado por el prestigioso arquitecto escocés, Archibald Leitch, que para eso el MAN U lleva décadas siendo pionero y mostrando el camino en eso que llaman diseño y marketing al resto de los clubes europeos. Todos, siempre detrás.


El viejo Trafford resultó gravemente dañado durante la Segunda Guerra Mundial por los bombardeos nazis. Rehabilitado, fue reinaugurado en 1949 y ampliado en diferentes ocasiones hasta ofrecer a todos sus aficionados un asiento, ya fuera en el patio de butacas, la platea, el anfiteatro o el paraíso.


Old Trafford es especial porque tiene memoria. Porque recuerda a sus héroes, tanto a los directores del montaje como a los actores, ya sean principales o secundarios. Al acercarse hacia el estadio es inevitable recibir la bienvenida de parte de Matt Busby, que dirigió al equipo entre 1945 y 1969, que fue el segundo manager más longevo de las historia de United. Su estatua te recuerda que en los teatros siempre pasan cosas extraordinarias. De situaciones increíbles –al menos en el fútbol español- nadie mejor para hablar que Alex Ferguson, al frente del Manchester desde 1986. Su presencia es doble, en bronce sobre la puerta principal y forjada en polvo de estrellas a pie de campo.


El reloj anclado sobre la fachada principal recuerda la hora de aquel accidente aéreo que acabó con la vida de veinticuatro miembros de la plantilla del Manchester, cuando regresaban de un partido de Copa de Europa en Munich. El viejo Trafford recuerda a sus leyendas y también en esto es un ejemplo. Bien lo sabe su hinchada y en especial la ubicada en el lado oeste de campo, en Statford, desde donde se corean los nombres de George Best, Bobby Charlton, Jack Rowley, Ryan Giggs, Bryan Robson. Paul Scholes, Denis Law, o Erick Cantona.


Sobre su césped se ha jugado mundiales, eurocopas, juegos olímpicos, finales de Copa de Europa e Intercontinentales e incluso la final de la Copa del Mundo de Rugby.


Ya con la segunda cerveza en la mano y la eliminatoria cuesta arriba, Old Trafford despidió con aplausos al jugador rival lesionado –como en los clásicos españoles- y ya antes, muchos minutos antes, había recibido con enorme cariño a la estrella fugada que ahora marca goles para el adversario. Tan fuerte fue el abrazo que a punto estuvo de anularlo.


A Modric le sentaba bien sentir la brisa británicas de nuevo y había igualado la eliminatoria. ¿Ataque de rabia o de nostalgia? Mientras, el árbitro -¿quién se resiste una vez sobre la escena a no interpretar su papel?- no veía manos y agrandaba los ojo ante la patadas. Entonces, cuando la tensión y el drama crecían en gradas y butacas; cuando la cerveza ya no pasa. Entonces la historia se repitió y apareció Ozil para interpretar la nueva versión del relato ante el foro. Quizá, recordó la enseñanza de sus mayores y el apunte en el libreto: en Old Trafford de Tacón, que para eso es un teatro y el teatro es el lugar donde se mezclan por igual las lágrimas de virtuosos y malvados; un lugar fascinante porque es accidental, como la vida; porque el teatro está para cambiar las cosas. Old Trafford es un taconazo./Javi Muro



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