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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}

Las semillas del 15M

El 15 de mayo de 2011, una concentración minoritaria en la Puerta del Sol de Madrid, que no había despertado mucha expectación, que permanecía alejada de los focos de los grandes medios de comunicación, se convirtió en la movilización social más importante en España en las últimas décadas. Siguiendo el modelo de la 'Primavera Árabe', la ocupación del espacio público, y nada más representativo que las plazas, desencadenó una reacción sin precedentes. El acontecimiento de Sol fue imitado en centenares de municipios de España, e incluso llegó a convertirse en un referente para el resto del mundo, como por ejemplo 'Occupy Wall Street' en Estados Unidos. Durante unas semanas, la sociedad, que parecía anestesiada antes y durante la crisis que estaba viviendo, despertó, tomó conciencia de la situación, y reivindicó su protagonismo, cuestionando al sistema político, económico y social.


El 15 de mayo de 2014, el 15M resuena como un eco lejano, un acontecimiento del pasado, un pasado muy reciente. El 15M puede sonar también a una ilusión truncada, a fracaso, a lo que no pudo ser. El sistema, a fin de cuentas, no fue derribado por las protestas pacíficas ciudadanas. Al contrario, los años siguientes trajeron más recortes y ajustes; más personas, familias y colectivos fueron condenados a la precariedad, la pobreza y la exclusión social; los partidos mayoritarios continuaron siendo mayoritarios en los comicios celebrados desde entonces, incluso el más conservador logró la mayoría absoluta en las elecciones generales de noviembre de 2011, sólo unos meses después del 15M…¿Qué pasó?, ¿qué ha ocurrido desde entonces?, ¿sirvió para algo el 15M?

 

La deslegitimación de un sistema

Cuando en 2008 comienza la crisis financiera, que resultaría una crisis global del capitalismo, y que paradójicamente lo ha fortalecido, especialmente su peor cara, estaba claro que España lo iba a pasar muy mal. El golpe de la crisis sería más duro en un país como el nuestro, con un modelo productivo carne de cañón ante esta situación. El estallido de la “burbuja inmobiliaria” sacó a la sociedad española de un sueño, al que le había llevado el propio sistema. El desempleo aumentaba, el gobierno del PSOE negaba la crisis, pero estaba claro que algo se rompía. En 2010 se produce el punto de inflexión, con la dramática comparecencia en el Congreso de José Luis Rodríguez Zapatero el 12 de mayo, anunciando importantes ajustes presupuestarios.


Los siguientes meses darán lugar a un empeoramiento de la situación. Numerosos colectivos irán tomando conciencia de la misma, otros ya la tenían antes. Se mira al sistema, a las instituciones, para que se solucione la situación, pero no hay respuesta. Al contrario, comienza a ser visto como el problema en sí mismo. La deslegitimación está servida, pero no de la Democracia, que se reivindicará como solución. Pero no son los grupos sociales más desfavorecidos los que comienzan las protestas. No, serán colectivos pertenecientes a las clases medias y los descendientes de las mismas, muchos de ellos jóvenes que veían como el sistema les engañaba: habían estudiado, se habían formado, pero no encontraban acomodo en el mercado laboral, y cuando lo hacían era en condiciones precarias.


El 15M escenificó la disonancia entre parte de la población y el sistema político, la cual aumentaría en los años siguientes. La defensa de lo público a través de las diferentes mareas (blanca la sanitaria, verde la educativa, naranja la de los Servicios Sociales, etc.), que protestaban por los recortes del Estado de Bienestar; la visibilidad que logró la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), siendo el desahucio de las personas que perdían sus viviendas una de las caras más amargas de la crisis; y la presencia constante de la crisis y sus consecuencias en los medios de la comunicación fueron indicadores de un escenario dramático, que todavía lo es, y que significó la toma de conciencia de parte de la sociedad de la situación.


La contradicción de la velocidad

Con el 15M parecía que se iba a asistir a una nueva toma del Palacio de Invierno. La velocidad con la que se propagaron los mensajes gracias a las Redes Sociales generó una expectativa y una efervescencia sin precedentes. Sin embargo, el 22 de mayo había elecciones autonómicas y municipales y nada cambió. En poco más de una semana se instaló la desesperanza y el lamento, los sueños defraudados. Sin embargo, esto obedece a una contradicción: la transmisión de los mensajes y la toma de conciencia había sido rápida, asentada en unas bases importantes, pero el sistema tiene unas estructuras fuertes y poderosas, unos resortes difíciles de derribar en el corto y medio plazo.


La sociedad española, como el conjunto de la occidental, llevaba años acomodada, instalada en la sociedad de consumo, había perdido su capacidad crítica. Y esto había sido fomentado desde el propio sistema. Nos habíamos vuelto muy conservadores, en el sentido de no perder lo que teníamos, y nos olvidamos de permanecer vigilantes y atentos. Además, a la mínima que las cosas se complicaban, nos atizaban con el miedo a que todo podía ir a peor. Durante años, la Troika, el rescate, la prima de riesgo, etc., se convirtieron en nuestros compañeros de viaje diario. Nos mostraban Grecia, ejemplo de la inestabilidad, y la sociedad temblaba.


Por lo tanto, el 15M tenía muy pocas posibilidades de provocar un cambio rápido, inmediato se podría decir, de la situación y una transformación del sistema. Era imposible que de la noche a la mañana pudiese ocurrir. Y aunque la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas estaban de acuerdo con gran parte de los postulados de 15M, así lo reflejaban las encuestas, eso no significaba que iban a enarbolar posturas de cambio radical. Al contrario, y ya se encargarían las voces del sistema de generar miedo y más miedo para no dudar.
Lo que cuenta es el relato


15 de mayo de 2014, a las puertas de unas elecciones europeas el 25 de este mismo mes, que contarán con una alta abstención y cuyo resultado, en clave interna, se dirime en la situación del bipartidismo, si se produce un retroceso del mismo a partir del crecimiento de partidos minoritarios. Las demandas del 15M, tres años después, están lejos de realizarse. La situación ha ido a peor, los recortes han sido mayores, y los triunfos de la ciudadanía, que se han dado, se cuentan con los dedos de las manos.


Sin embargo, el 15M no fracasó. El 15M sembró la semilla de la toma de conciencia de una parte muy importante de la sociedad acerca de la situación y de los escenarios que estamos viviendo. Se despertó una conciencia crítica, que sólo estaba en unos grupos, la mayoría de los que trabajaban con colectivos en situación de vulnerabilidad. Y lo importante también es la construcción de un relato, un relato sobre la crisis, sus causas y sus consecuencias. Sin el 15M, esto tampoco hubiese sido posible. Otros relatos se han dado, desde el ya señalado del miedo hasta el de “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, una forma de culpabilizar de la situación a los que la estaban viviendo. Y, frente a estos, otros relatos son posibles y necesarios.


Un año después, dos años después, tres años después, cuatro años después,…el 15M seguirá siendo analizado, volveremos la vista atrás y reflexionaremos sobre la evolución de la sociedad. Quiero pensar que esta será cada vez más crítica, quiero pensar que habremos aprendido la lección, quiero pensar que fuimos capaces de analizar las causas y poner remedio a las consecuencias, quiero pensar que no miramos a otro lado…quiero pensar…pero no lo tengo claro./Sergio Andrés. Sociólogo y profesor de la Universidad de La Rioja.



Autor: Sergio Andrés

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