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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}

Guti a taconazos

Creo que al iniciar estas líneas estoy a punto de construir una sinfonía de silbidos y abucheos del calibre del recibimiento que la afición del Chelsea ha regalado a Rafa Benitez. Pero cuando toca, toca y si alguien quiere gritarme “Queremos que vuelva Di Mateo” o alguna frase similar pues ya sabe que tiene a su disposición el correo electrónico e incluso los perfiles de las redes sociales, que por conexiones en la red no va a quedar.


Así que antes de que nadie empiece a poner el grito en el cielo advierto que voy a hablar de Guti; y que voy a hacerlo bien.


Por diferentes motivos, esta temporada he decidido pasar de la Liga de fútbol. Han coincidido el finiquito de los partidos en abierto, el alto precio de las entradas en los estadios, el coste de los abonos televisivos y, sobre todo, que el hecho de que ganen siempre los mismos es un auténtico coñazo. Aun así, tengo reconocer que algún partido he visto y siendo merengón pues tampoco me he divertido demasiado. Tampoco lo hice la temporada pasada. A mí me gusta más lo de empezar perdiendo y que remontar se convierta en algo de tintes épicos. Reconozco que tiki-taka es brillante, pero yo me quedo con el gol en el último minuto, después superar un el resultado adverso por dos ocasiones.


Quizá, algo tenga que ver con el momento en que uno se hace de un equipo. Si tus primeras nociones de esto del balompié fueron a través de la radio y con narraciones vibrantes de remontadas de resultados imposibles, entonces tal vez todo tenga más sentido. Hoy, que el Madrid y el Barsa ganen el noventa por ciento de sus partidos por goleada sólo me invita a bostezar. Tanto como ver a un ‘Red Bull’ conseguir la pole y pegarse al día siguiente 70 vueltas a un circuito sin que nadie le siga o a Lorenzo y Pedrosa –con las mejores motos- doblar al resto de la parrilla. Sí, ganan ¿Y?


Y vuelvo a Guti. Ludwig van Beethoven no imaginaba que un día un rubio descarado fuera a jugar al fútbol cuando aseguró que un genio se compone de un dos por ciento de talento y de un noventa y ocho por ciento de perseverante aplicación. El catorce del Madrid era puro genio; la ecuación del ilustre compositor alemán desde el ángulo inverso.

 

Sin duda, Guti fue junto a Zidane el futbolista más técnico de aquellas plantillas. También, el que disfrutaba de una mayor imaginación al servicio del espectáculo. Así que si de frases célebres se trata mejor acudir a Benavente para describir a Guti. "Todo el mundo cree que el talento es cuestión de suerte, nadie se ha parado a pensar que la suerte pueda ser cuestión de talento".


Guti no era el mejor, para eso había que esforzarse siempre un poco más y a él le bastaba para permanecer con lo que le venía concedido de serie. Debutó en el primer equipo en 1995 y jugó en el Madrid durante catorce temporadas. Quizá muchos menos partidos que otros, pero seguro que algunas de sus jugadas dentro de un terreno de juego –algunas fuera también- se recordarán para siempre. De otros, de algunos titulares indiscutibles, tan sólo figurarán los kilómetros recorridos en una estadística.


Guti era un jugador diferente. En primer lugar porque el fútbol no lo era todo para él. Es admirable el tesón de los futbolistas que quieren conseguirlo todo y llegar más alto. Guti, en cambio, transmitía la sensación de que un pase de gol era suficiente, siempre y cuando estuviera rociado de la creatividad precisa.


Su palmarés deportivo es envidiable y, de alguna, manera una metáfora de quién ha sido Guti. Tres veces campeón de la Copa de Europa sin jugar ni un minuto en aquellas tres finales. Pero José María Gutiérrez es también aquel centrocampista creador de juego que por circunstancias –la lesión de Fernando Morientes- se ve obligado a jugar de delantero centro improvisado y… se infla a meter goles como si llevara toda la vida siendo el ariete del equipo. ¿No fue Cecs?, ¿fue Guti el primer falso nueve?


Cuentan que ante la exigencia de más intensidad  por parte de alguno de sus entrenadores, Guti no dudó en mandarlos al carajo, y éstos en volver a llamarle para que rescatara partidos inverosímiles. Zidane le admiraba; probablemente, porque aun siendo personas muy diferentes, le entendía.


Ante la constante acusación de disfrutar demasiado de la noche, Guti templaba: “¿Cuándo quieren que salga? ¿Cuándo tenga sesenta años?" Y luego, ya sobre el campo, aceleraba su mirada y una centésima de segundo después el balón a través del único espacio que dejaban los defensas rivales para dejar solos frente al portero a Raúl, Ronaldo –el de la samba-, Morientes, Higuaín, Van Nistelroy o Benzema. Consecuente.


Cuando dentro de un tiempo se recuerden las Ligas disputadas hace unos años y se elaboren resúmenes de los mejores momentos no saldrán imágenes de Diarra y Karembeu, sino la vaselina que se marcó Guti en San Mamés, el gol en plancha cuando pasó por ariete o los pases de tacón que sirvió a Zidane y Benzema.


Algún periodista de postín llegó a llamarle ‘Baudelaire con botas’, otros muchos le odiaban, cronistas y aficionados, blancos y rivales. Guti, en cambio, siempre parecía feliz. Jugaba en el Madrid, en su equipo y con el talento le servía para permanecer./Javi Muro



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