2630

{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}

En la calle

Hacía calor y me dirigía a la Biblioteca Municipal, abonada desde que me quedé sin trabajo. Es una de las pocas cosas que es gratis y, además, se está fresquito por el aire acondicionado. Antes de entrar, en la puerta, escogí un banco a la sombra para fumar un cigarrillo. Exhausta por el calor, escuché un acordeón y un violín. Eran dos jóvenes que se pusieron a tocar en la calle para los transeúntes. Aquello sonaba realmente bien.


Una chica embarazada se sentó en el otro extremo del banco. Se lió un cigarro y me pidió fuego, ya que su mechero había dado toda la vida que tenía en su haber. Pensé: “Está embarazada y fuma”. Desde luego, no era asunto de mi incumbencia. Y nos pusimos a escuchar y compartir humo y aquella pieza musical.


Es una pena que gente con ese talento no tenga una oportunidad”, me dijo. “Y que gente que está en la cúpula y se lo está llevando crudo sean unos incompetentes y corruptos”, le dije yo. Y así comenzamos a hablar. Enseguida percibí que lo de fumar y estar embarazada era el menor de sus problemas.


¿De cuánto estás?”, le pregunté. Me respondió que de siete meses pero que hace un mes empezó con contracciones del estado de nervios en el que se encontraba y que por poco pierde al niño. Ni ella ni su pareja tienen trabajo y de un día para otro se han visto en la calle.


Intentamos durante mucho tiempo tener un hijo. Los médicos nos decían que era complicado y que igual teníamos que probar otros métodos. Por fin me quedé embarazada y entonces los dos teníamos trabajo, pero cuando se enteraron en la empresa me echaron. A mi jefe no le importaba, pero fue su mujer la que no quería embarazadas. Luego se quedó mi pareja sin trabajo. Trabajaba en la construcción”.


Me aseguró que había llamado a todas las puertas. Que se había puesto en contacto con asociaciones y ONGs para pedir ayuda pero que están desbordadas. Que había hablado con alcaldes de pueblos en peligro de despoblación ofreciéndose para trabajar en lo que fuera y que su pareja estaba fuera trabajando en el campo por el alojamiento, la comida y un poquito más, que está guardando para ahorrar.


Hablaba de forma pausada, como si estuviera medicada. Me contó que no tenían nada para el niño, ya no hablaba de carrito, sino que no podían ofrecerle ni siquiera un techo. Había pedido ayuda a Servicios Sociales y le habían dicho que si no tenían trabajo y un alojamiento le iban a quitar al niño, puesto que priman los derechos del menor.


Me habló de que no sabía qué iban a hacer. Que la única alternativa era irse a otro país a la aventura, pero que con un bebe en brazos era muy arriesgado. Me partió el corazón y tragaba saliva para no soltar ni una lágrima. Sin embargo, no pude evitar que mis ojos se humedecieran.


De todas formas, espero que, no sé, todo se arregle en el último momento. La esperanza es lo último que se pierde. Encima estamos separados. Si superamos esto, no habrá nada en el mundo que nos pueda derrotar”, me dijo. Yo, como el Lobo López de Kiko Veneno, tragando saliva le dije que todo iba a salir bien y le di un beso en la mejilla deseándole la mejor suerte del mundo./Montse Catalán desde el blog 'Mundo mundano'.



Autor: Montse Catalán

Suscripción a la Newsletter Enviar