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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}
El Mejor es la bomba
Se puede sé el mejor de una final y no anotar ni una sola canasta. El domingo, justo antes de que comenzara el partido definitivo de la Copa del Rey de baloncesto, uno canal de la TDT echaba –en la tele las pelis se echan- ‘El Mejor’. Quizá, a falta de los derechos de retransmisión, decidieron emitir algo así como su particular metáfora de lo que sucedería tan sólo unas horas después.
En ‘El Mejor’, Robert Redford interpreta a un veterano jugador de beisbol, que aun arrastrando una lesión es capaz de convertirse en determinante y llevar a su equipo, los New York Knicks, al éxito y la victoria cuando no a atravesaban su mejor momento. Ray Hopps, el protagonista al que da vida Redford, intercala durante el relato partidos perfectos con terribles rachas en las que es eliminado sin siquiera lograr poner la bola en juego, pero su presencia siempre genera efervescencia. Aunque la película de Barry Levinson se adentra en el culto al éxito en la sociedad americana, vista de una perspectiva deportiva habla también de esos jugadores –sean de la disciplina que sean- que son especiales.
El canal cinematográfico parecía querer adelantarse a la final. No lo consiguió. El partido discurría igualado e incluso el Barsa parecía regresar a la incertidumbre y la irregularidad que ha mostrado a lo largo de la temporada. Nada que ver con la euforia de los enfrentamientos con el Baskonia y el Madrid. El Valencia le jugaba de tu a tu y, en muchas ocasiones, le dominaba. Hoollywood tenía que esperar para contar su historia.
El jugador número 11 no conseguía anotar, ni desde las posiciones imposibles desde las que había resuelto con éxito en los dos partidos anteriores ni siquiera al lanzar tiros claros. Un mal día. Cualquier otro habría sido cambiado y relegado a la última silla del banquillo, más aún cuando el entrenador disponía entre los suplentes de fantásticos tiradores que no jugaron un solo minuto en la final. Pero el entrenador sabe, porque así se lo ha demostrado siempre, que incluso lesionado es un jugador especial. Tiene uno de los mejores tiros exteriores, tiene carácter, es osado, subversivo, desafiante, inteligente y se la juega cuando hace falta, sabe asumir la resposabilidad.
Quienes le conocen desde que comenzó a botar un balón de baloncesto en el patio del colegio saben que siempre ha jugado contra rivales mayores y más altos que él. Quizá, su peculiar tiro a canasta sea fruto de esos enfrentamientos a defensas que parecían molinos de viento. Hoy es ya un veterano de 32 años. Un veterano capaz de firmar hace unas semanas un partido de 33 puntos (44 de valoración) y un solo fallo en el tiro (4/4 en tiros libres, 7/8 en tiros de 2 y 5/5 en triples) frente al máximo rival. Ningún jugador anotaba tanto en un Madrid-Barsa desde 1995, cuando Sabonis enlazó 41 puntos.
Hasta llegar a la final, el jugador número 11 –el 7 cuando viste la camiseta de la selección- se había mostrado implacable, especialmente en esos momentos que se denominan decisivos, que nadie sabe a ciencia cierta cuáles son hasta que él decide que ha llegado el momento.
A los doce años llego al Barcelona, un ojeador se fijó en un crío que retaba rascacielos y lo fichó, incluyéndolo ya desde el primer momento en una categoría superior a la de su edad. ¿No te gustan los desafíos?, pareció decirle. Sin problemas debió contestarle porque a los diecisiete años ya había debutado en la Liga ACB. Era el año 1997 –en su primer partió jugó diez minutos y anotó 10 puntos- y hasta ahora. Dos años después ya era fijo en el primer equipo y en su palmarés relucían una Liga y una Copa Korac.
En la final de la Copa, el aro seguía repeliendo sus lanzamientos, pero como su entrenador a aprendido, al 11 a veces le basta con estar, con no parar de moverse –que su defensor piense ¿pero éste no estaba lesionado?- con amenazar una y otra vez la canasta rival, con lograr que todo estén pendientes de él y olviden, al menos por un instante, a sus cuatro compañeros. Así también se puede ser el mejor.
La elección del mejor jugador en un deporte de equipo siempre es injusta y absurda. Nadie duda de Messi o Cristiano son muy buenos, también Iniesta o Casillas. Ahora bien, tan sólo con realizar algunos cambios la cosa ya no está tan clara. ¿Qué tal jugarían Messi de central, Cristiano de portero, Iniesta de lateral derecho y Casillas de delantero? Pues eso. Los mejores son especiales porque tienen algo más, una valor añadido que se suma a ser muy buenos en su puesto.
El jugador número 11 siempre ha sido especial, no en vano desde muy joven le apodaron ‘La Bomba’ por su capacidad para dinamitar partidos. Un calificativo que ha terminado por asociarse a su característico tiro en penetración. Juan Carlos Navarro es el mejor, aunque el MVP de la Copa recayera en su compañero Pete Mikael. Lo ha sido siempre, a la sombra de Pau Gasol o por encima de su amigo. Lo ha sido en las siete ligas, seis copas y dos euroligas que atesora con su equipo o las dos platas olímpicas, el oro mundial, o los dos europeos, e incluso en los Memphis Grizzlies.
Navarro puede ser el mejor anotando tiros imposibles como hizo en las cuartos de final de los Juegos contra Francia o simplemente estando, como el domingo en la final de la Copa del Rey. Quizá el truco esté en tratar de ser el mejor sin creerse el mejor. A 23 puntos de superar a Epi como mejor anotador blaugrana, ‘La Bomba’ sigue haciendo su trabajo… dinamitar partidos./Javi Muro
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