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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}

El hombre que cierra las empresas en España

Luz trabaja en un hotel de camarera y esta semana le ha tocado el turno de desayunos. Se despierta a las 6 de la mañana para estar a las 7 en su puesto de trabajo. Antes se levanta Daniela, su compañera, puesto que tiene que estar en el hotel a las 6:30. Tiene que preparar el bufé para que a las 7 esté todo listo. Meter los cruasanes al horno, hacer tortilla de patata, litros y litros de café, calentar la leche y freír beicon y chistorra, que a los extranjeros les gusta mucho.


Luz y Daniela se tienen mucho cariño y además se compenetran muy bien en el trabajo. Daniela se encarga de cocinar, fregar y reponer todo lo que se va acabando en el bufé. Luz de atender a los clientes, servirles el café, indicarles dónde se pueden sentar, coger el número de habitación y limpiar y remontar las mesas.


Al reponer un plato de sandía y melón, Daniela vio cómo un hombre entraba en el salón de desayunos. Como en ese momento no estaba Luz, le dio los buenos días y le preguntó cuántas personas eran. El hombre le respondió que dos, que el otro iba a bajar ahora.


Entonces, Daniela le sugirió educadamente que se sentara en una mesa de dos y el tipo comenzó a chillar: “No me quiero sentar en esa mesa tan pequeña, me quiero sentar en ésta” (una mesa de cuatro personas sin montar). A lo que Daniela le respondió que no estaba montada y entonces el hombre siguió chillando: “Pues vaya problema que no está montada. Ya la monto yo. Así va el país… bla, bla, bla…


Daniela se fue a la cocina y no volvió a salir hasta que el hombre se fue. Ya le había pasado más veces. Cuando algún cliente prepotente nota que tiene acento rumano se pone altivo y no atiende a razones. Su sola presencia les molesta.


Salió Luz a escena y le preguntó al hombre qué estaba pasando: “Pues que tu compañerita dice que nos sentemos en esa mesa tan pequeña y nosotros necesitamos una más grande para trabajar. Y dice que no está montada. Así va el país. Que la gente no quiere trabajar…”.


Bueno, pues si se quieren sentar en esa mesa, no hay problema, ahora mismo se la monto, pero no se enfade, por favor”, le dice Luz reuniendo toda la paciencia que se puede tener a las 7:30 de la mañana. “No me enfade, no me enfade. Es que en este país la gente no quiere trabajar ¿Sabes a qué me dedico yo?”. Luz, si no estuviera trabajando le hubiera respondido: “Ni lo sé, ni me importa”, pero le tuvo que decir… “¿En qué?”. “Pues yo cierro empresas en España para abrirlas en otros países ¿Y sabes por qué? Porque la gente en España no quiere trabajar”.


Luz notó cómo la vena del cuello comenzaba a palpitar contundentemente, cómo su corazón latía como si estuviera realizando el sprint del Tour de Francia. Comenzó a percibir cómo los ojos se le ponían en blanco y el veneno se le acumulaba en la punta de su lengua, así que le dijo: “Depende…”. Se mordió la lengua y se metió en la cocina.


Así conoció Luz al hombre que cierra las empresas en España para abrirlas en otros países. Y aunque no había pensado nunca en la figura del deslocalización man, era tal y como se lo imaginaba. Ya en la cocina, para hacer más llevadero el rato, le invitó a Daniela a que reflexionara sobre un asunto: Imagina cuántos escupitajos y sudor de culo se habrá comido el energúmeno de camareros a los que les ha contestado mal…


Desde entonces, Luz no puede parar de cantar aquella canción de Astrud: Hay un hombre en España que lo hace todo, hay un hombre que lo hace todo en España. Es el que escribe las canciones de la radio, es el que te sirve las copas y el que te vende el diario…/Montse Catalán desde el blog Mundo Mundano



Autor: Montse Catalán

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