3286
{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}
Diablos sobre ruedas
Las carreteras por las que transita el Tour de Francia ya están notando las ausencias. Quizá, cuando se adentren en las pendientes de porcentajes imposibles los aficionados echen de menos las batallas entre Andy Shleck y Alberto Contador. Sus arrancadas a 180 pulsaciones, imposibles para la mayoría de sus compañeros; compañeros si porque un deporte en que el grado de sufrimiento llega a las cotas más altas los rivales lo son, pero menos.
Pero además de Alberto y Andy, en la Grande Boucle 2012 falta ‘el diablo’, ese hombre disfrazado de Lucifer y cada año animaba a los ciclistas desde las cunetas al paso de la carrera. Se llama Diter Senft y no se perdía un Tour desde 1993. Aquel año, Indurain ganó su tercer Tour. Miguel obtuvo el triunfo el prólogo en la contrarreloj y mantuvo a raya a Rominger en las etapas de montaña
Desde aquel 1993, ‘el diablo’ ha estado presente año tras año animando a todos y cada uno de los corredores; a los ‘capos’ que se disputaban la gloria y los currelas que una vez cumplido con su cometido se juntaban en la ‘grupeta’ para hacer viaje en compañía y hacer más ameno el camino hasta meta, que leer en la bicicleta es complicado hasta para los esforzados de la ruta.
Diter Senfy está enfermo y no puede viajar a tierras francesas. Así que este año no lo veremos embutido en su disfraz –cual superhéroe low cost- ni subido en una de sus extraordinarias bicicletas, que el mismo fabrica; piezas que han pasado a formar parte de un museo en Storkow, ciudad en la que reside.
Dicen que Diter se disfraza de diablo –seguro que el año que viene regresa a las carreteras- como reconocimiento a su ciclista favorito –y el de muchos- Claudio Chiapucci, el verdadero diablo sobre ruedas y que aquel Tour de 1993 terminó sexto y hastiado ya de su mala suerte y de la dictadura de Miguel Indurain.
Chiapucchi fue segundo en el Tour de 1990 tras Greg Lemon y se las prometía muy felices. “El año que viene es mío”. No era una fanfarronada, se sustentaba en la lógica de la evolución del segundo al primero. Pero no fue así. En 1991 apareció Induraín y aunque Chiapucchi fue cómplice de su eclosión en aquella escapada y en aquel descenso a tumba abierta desde Val Louron hasta meta.
‘El diablo’, Chiapucci, atacaba siempre que veía una oportunidad –insignificante oportunidad en muchas ocasiones- y eso le hacía grande. No logró ganar el Tour, fue segundo en 1990 y 1992 y tercero en 1991, pero fue uno de los grandes. El ciclismo veinte años después ofrece escasos relatos como los que escribió Claudio; porque a veces se gana perdiendo –el ataque de inicio de Contador en el Tour del año pasado, es un buen ejemplo- y en esas aventuras Chiapucci era el mejor. El ciclista italiano creía a pies juntillas que el éxito dependía del trío de ases que forman la habilidad, la oportunidad y la valentía. Fue un ejemplo de los tres; aunque en el Tour nunca consiguió que coincidieran.
Hace unos días Claudio aseguraba que Indurain le convirtió en un rebelde y renegaba del ciclismo de hoy en día: “los ciclistas son máquinas que obedecen órdenes; por muchas montañas que haya en el recorrido los líderes sólo atacan en los últimos kilómetros de la última; y el que va segundo en la clasificación no es ambicioso, corre para ser segundo”.
Claudio echa un envite a los ciclistas que compiten por el Tour 2012; tienen la oportunidad de dejarle en feo. Sin diablos en la carretera… no es lo mismo…/Javi Muro
LO MÁS LEIDO
Suscripción a la Newsletter 