2143
{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}
Conexiones olímpicas con el pasado
Mientras Londres y Danny Boyle demostraban que el ingenio y la imaginación siempre triunfan sobre el dinero, me encontré de repente en Los Ángeles 84 siguiendo el ataque a falta de 600 metros de José Manuel Abascal en la final del milquinientos. Es mi primer recuerdo olímpico, las hazañas de héroes anteriores las he leído o visto en las series de documentales que preceden al inicio de los Juegos. A Abascal le persiguieron Sebastian Coe y Steve Cram, que fueron oro y planta, por delante del mediofondista español, bronce.
Era un crío y la explosión de alegría de Coe –ya había ganado el 1500 en Moscú cuatro años antes-, pero también de Cram y Abascal me convenció de que aquella reunión de deportistas que parecían practicar deporte tan sólo una vez cada cuatro años -al menos la televisión y los periódicos deportivos que ojeaba no hacían mención alguna a diario- era algo importante.
La curiosidad generada por el milqui me hizó investigar quien era ese tipo al que llamaban el ‘hijo del viento’. Un tal Carl Lewis que no me defraudó. El tío ganó cuatro oros en los Juegos de 1984 –en su carrera sumaría diez medallas, nueve de oro- e igualó al mítico Jesse Owens, de quién a raíz de la gesta del 'hijo del viento' descubrí que fue capaz de ridicularizar a Adolf Hitler y al nazismo en sus propias narices durante los Juegos de Berlín de 1936. A la vera de Lewis descubrí años después a Ben Johnson, fue en Seul, y fue también mi primer tramposo.
Enganchado a esto de las Olimpiadas y sobre todo al 1500 y el maratón –mis pruebas favoritas, quizá por los éxitos de los de casa- disfruté con Said Aouita, Hicham El Guerrouj y, sobre todo, Fermín Cacho y su triunfo en Barcelona… y sus giros de cabeza para controlar a sus rivales tras dejarlos atrás en la última curva antes de enfilar la recta de meta. E igual que me sucedió con Owens me pasó con Bikila y Zatopek.
Y nunca hubiera pensado que disfrutaría siguiendo la natación por la tele hasta que un chaval de Baltimore, llamado Michael Phelps, dijo que iba a batir el récord de un tal Mark Spitz; es decir pretendía –y lo hizo- trabajarse en la piscina ocho medallas y superar en la hazaña que su compatriota realizó en 1972. Pues eso, que lo consiguió y de paso se convirtió en el deportista con más medallas de oro de la historia. Sensaciones parecidas me producía el vóley hasta que Yugoeslavia e Italia me demostraron que ese deporte es mucho más que un constante cambio de saque.
Y aunque me resulta inevitable priorizar la asociación Juegos Olímpicos con atletismo, tengo que reconocer que perdí la voz animando a la Lituania de Jakisevicius y la Ñba de Pau y compañía frente a los NBA de pedigrí.
Y tirando de recuerdos y de google ha regresado a la memoria un tipo genial, Daley Thomson, que resulta que se llamaba realmente Francis Morgan, y que ganó la medalla de oro en decathlon en Moscú 80 y Los Ángeles 84. Daly tenía hasta un video juego en el participabas en todas sus pruebas y te dejabas el pulgar en carne viva golpeando un botón; nadie sabía nada entonces de consolas o tabletas.
Y del mismo modo que llegué Zatopek desde Abascal y a Owens a trabés del 'Hijo del viento', descubrí la historia –triste historia- del italiano Dorando Pietri desde la victoria de Stefano Baldini en el maratón de Atenas en 2005. A Pietri lo descalificaron después de ganar el maratón olímpico de Londres 2008. Pietri fue eliminado después de llegar a cien metros de la meta extenuado y ser ayudado a levantarse tras caer varias veces al suelo. Aquel maratón pasó también a la historia por el incremento de la distancia, que creció hasta los 42 km y 195 m para hacer coincidir la meta con el balcón de la reina. Entonces James Bond no era el encargado de recoger a su Majestad y trasladarla al estadio; eran otros tiempos./Javi Muro
LO MÁS LEIDO
Suscripción a la Newsletter 