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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}
Bolt y Lucky Luke
Le perseguía su sombra y consiguió vencerla. Usain Bolt fue más rápido que su propia sombra. Y es que a pesar de que a su vera en los tacos de salida se encontraban Justin Gatlin y Nesta Carter –que lograron sus mejores marcas en la final, 9,85 y 9,90- los verdaderos rivales de Usain Bolt en el Campeonato del Mundo de Moscú eran sombras o mejor dicho, fantasmas. Sus propios fantasmas –si los tuviera- y los prefabricados, esos que se generan desde una prensa que se dice deportiva y que tiene raseros diferentes en función de si hablan de deporte o del negocio del fútbol.
En Moscú, Bolt ha vuelto a demostrar, como ya hizo en los Juegos Olímpicos de Londres y Pekín, que disfruta con lo que hace, que se divierte corriendo y ganando, por supuesto. En ese aspecto, en disfrutar corriendo y cantando victoria, se parece a otra de las estrellas del Mundial, el inglés Mo Farah, que ya se ha colgado la medalla de oro en los 10.000 metros y apunta al doblete al ser uno de los favoritos en la prueba de los 5.000 metros.
Bolt se enfrentaba a ausencias que no dejaban de estar presentes. Por diferentes motivos sus tres principales rivales no estaban la recta del estadio moscovitaa. El norteamericano Tyson Gay y el jamaicano Asafa Powell, por tramposos; dieron positivo en un control antidopaje, y el también caribeño y compañero de entrenamientos, Yohan Blake, por lesión. Así que con un cartel plagado de ectoplasmas, comenzaron las voces que restaban mérito a una victoria del laureado velocista jamaicano. No sería extraño que fueran los mismos que temporada tras temporada pronostican que Barcelona y Madrid jugarán la final de la Liga de Campeones. Y es que no hay nada más desequilibrante para un deportistas -al menos para algunos- que la consciencia de ser el favorito a la victoria y que todo lo demás será considerado fracaso.
Por si fuera poco el peso del quinqué arrojado sobre las espaldas de Bolt con la obligación de ganar, los positivos de Tyson Gay y Asafa Powell más que afectar -públicamente- a Gay y Powell parecieron concernir a Bolt, que ha tenido que responder día sí y día también a insinuaciones sobre la limpieza de su preparación. No se trata de poner la mano en el fuego por nadie –ya hay cientos de falanges chamuscadas-, pero el atleta ha sido claro al asegurar que pueden guardar su sangre cincuenta años y nunca encontrarán nada ilegal. Ha empeñado su palabra.
Quizá en busca de la épica que algunos echaban en falta, minutos antes de que la pistola anunciara el inicio de la final de los cien metros, comenzó a llover sobre Moscú. El cielo parecía lanzar un órdago: ¿No os parece suficiente reto correr por debajo de 9,90 segundos? ¡Pues a ver cómo lo veis con agua!
Bolt, lejos de poner mala cara o comenzar a lamentar la adversidad climatológica, hizo lo de siempre… buscó la complicidad con el público y simuló que abría un paraguas. Después, lo de siempre –da igual que sobre el tartán estén Powell, Gay, Carter, Blake o Gatlin-, el velocista jamaicano reaccionó una centésimas más tarde que sus rivales al pistoletazo de salida, a los cincuenta metros ya estaba a la par y treinta después lideraba el sprint. Bolt venció en Moscú a sus rivales –Justin Gatlin le apretó de verdad- y a todos los fantasmas que merodeaban por el anillo. De nuevo fue más rápido que su propia sombra… para el crono en 9,77, bajo la lluvia… i’m a poor lonesome cawboy…/Javi Muro
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