2666

{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}

Angel entre demonios

Es tarde de gin tonic en La taberna de Manuela. Al fondo, Lucio escucha atentamente la televisión. No hace ni una hora que los médicos han certificado el fallecimiento de Suárez tras tres días en que las televisiones y los periódicos han repasado la vida y los muchos milagros del ex presidente. Lucio se gira hacia la barra y se dirige a Manuela. Por una vez, le dice, y sin que sirva de precedente, me gustó el titular de ayer de La Razón. “Suárez, en transición”. Un acertado juego de palabras con el que periódico dirigido por Paco Marhuenda atinaba en simplificar el trabajo de Suárez en la transición y su estado actual entre la vida y la muerte. Eso sí, continuó Lucio, “hoy ha vuelto a las andadas”, refiriéndose así a la mención en la portada de La Razón a la “indignidad” tras las marchas del 22M, celebradas precisamente bajo el eslogan de la dignidad.


Manuela, como siempre, sonríe a Lucio, pero pasa de responder a un hombre indignado por definición, de ideas fijas y ‘discutidor’ de profesión. “Es desagradablemente paradójico que nuestros políticos ensalcen la figura de Suárez por su trabajo en la unión de España cuando ahora no hacen sino dividirla”, prosigue Lucio elevando el tono de su voz en busca de una respuesta que alimente el diálogo.


Manuela sonríe con complicidad a Lucía, que entra por la puerta de la Taberna con cara de domingo, o más bien, con el rostro típico de quien continúa celebrando el sábado noche. Un café doble, por favor, suplica Lucía.


Televisión Española emite la intervención de Rajoy tras el fallecimiento de Suárez con un subtítulo entrecomillado que alude al trabajo del ex presidente por el reencuentro de los españoles. “Ves, lo que yo decía”, salta Lucio reafirmándose asimismo en sus palabras. “No me había enterado de que había muerto ya”, susurra Lucía mientras saca el teléfono del bolso. Manuela interviene por fin: “El mejor homenaje que puede recibir un político es el reconocimiento de las personas, y Suárez lo tiene. Veremos qué se dice de Zapatero y de Rajoy el día que mueran”.


Manuela es la propietaria de una Taberna que cada día abre temprano y cierra tarde. Pero Manuela es mucho más que eso. Sin un atractivo deslumbrante tiene enamorados a casados y solteros, incluso a alguna. Es dueña, camarera, psicóloga, madre e hija de muchos clientes asiduos del local. Es cómplice de solteras y casadas, la voz templada en la disputa, la diablilla entre los ángeles despechados y el ángel entre los demonios. Jamás su voz superó los decibelios de la normalidad, jamás su escote superó la línea de la sensualidad, ni su falda los cánones del morbo. Jamás en la Taberna. Lucio se acerca a Lucía. "Manuela me recuerda a Suarez, los dos dan imagen de tranquilos y respetuosos". Lucía sonríe como afirmando, pero no responde. Sabe que dibujar una mínima palabra sería interpretado por Lucio como un interés por mantener una conversación. Y no es el caso.


Lucía se retira. Manuela le guiña un ojo mientras ordena botellas y botellines, preparada para la avalancha de futboleros que llenarán el local minutos antes de las 21 horas. Está nerviosa. No por la avalancha ni por el resultado del clásico. Sabe que a partir de las nueve se olvidará la conversación de Suarez y las voces se sumergerán en las faltas, las tarjetas, los fueras de juego, los goles.... y lo único que hace perder los nervios a Manuela, los insultos, los reproches, los empujones e incluso las peleas por algo tan sumamente irrelevante como el fútbol. Lo sabe por experiencia. El último clásico se saldó con dos detenidos que la policía se llevó de su taberna y a los que Manuela ha prohibido la entrada./@RobertoOrío



Autor: Roberto Orío

Suscripción a la Newsletter Enviar