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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}

'Vamos a ganar' y otras propuestas de futuro

Navajas de papel

La radio se activó y pensó que apenas habían pasado unos minutos desde que se había acostado. La frase llena de euforia que escuchó con los ojos aún legañosos le cambió la sensación horaria. Acostumbraba a colocar el marca páginas en el libro que estuviera leyendo o, en su caso, a apagar la televisión y marchar a la cama coincidiendo con el comienzo del programa deportivo –perdón, futbolístico- de la medianoche.


Dirigirse a la cama sobre las doce de la noche era ya una costumbre. Una tradición iniciada en los tiempos de la universidad cuando aún creía que rivalidad entre García y De la Morena era periodística. Ahora, tenía que reconocer que los debates futboleros sobre quién es el mejor jugador del mundo de un deporte que se juega once contra once ejercían sobre él un influjo exponencialmente superior a contar ovejas. Era colocar la cabeza sobre la almohada y adentrarse en el mundo de los sueños.


Así que cuando escuchó “Vamos a ganar” supuso que se había desvelado y que el entrenador del Atlético o el del Madrid habían iniciado los rituales de hechizo con vistas a la final de la Copa de Europa. La frase le convenció de que apenas habían transcurrido unos minutos desde que se había metido en la cama.


Le descolocó la luz que se colaba entre las rendijas de las persianas. Ahí, cuando no sabes a ciencia cierta si te estás durmiendo o despertando, el cerebro es un inmejorable aliado para elegir la opción de dar una vuelta más entre las sábanas y optar por la primera de las posibilidades. Pero el tipo de la radio insistía: “Vamos a ganar” y añadió: “Vamos a ganar las elecciones”.


No logró identificar en plena duermevela al autor de la frase, pero no pudo evitar que sus primeras palabras de aquel día fueran: ¿A quién? ¿A quién van a ganar las elecciones? ¿Las elecciones son una competición?
El fin de semana había dejado en su mente victorias y derrotas. El Atlético había ganado la Liga, Djokovic ganó a Nadal en Roma, Márquez a todos en Francia, el Madrid de baloncesto perdió contra el Maccabi y Osasuna y Valladolid perdieron la categoría, pero ¿las elecciones…? no era esa la percepción que él tenía, ni siquiera siendo Europeas.


Algunos de sus amigos le tildaban de ingenuo por cosas como esa. Porque siempre había pensado que quienes tenían que ganar tras la celebración de unas elecciones eran los ciudadanos y además, debían disfrutar de esa victoria a lo largo de los cuatro años de Legislatura, no sólo el día de las votaciones.


Así que, constatado que la noche había concluido y que el mensaje de “Vamos a ganar las elecciones” le había dejado los ojos como platos y tan sólo eran las siete y media de la mañana, sólo pudo sospechar que quien ese lema blandía como bandera tan sólo pensaba en su victoria, que los demás partidos eran rivales y que las personas y sus votos, simplemente, tantos que apuntarse.


Algunos de sus amigos le dirían: “Pues claro, que pensabas”, pero él, aún tumbado en la cama mientras empujaba con los pies las sábanas, buscaba alguna lógica a la frase. Quizá, fuera alguien que había olvidado el espíritu de una convocatoria electoral. Quizá el ritmo frenético de la campaña le había desdibujado la motivación. Quizá, quien así hablaba ya no recordaba que no se presentaba al puesto de jefe, sino al de empleado de todos los ciudadanos y que su programa era el currículo por el que lo valorarían en la entrevista de trabajo de las urnas. “Vamos a ganar” repetía enloquecido el tipo a través de las ondas… punto, juego, set y partido… o vuelta rápida./J.M.
 



Autor: Javier Muro

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