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{VIVIR / MEDIO AMBIENTE}
Las borrascas venideras ya tienen nombre, de Adam a Walter
En la temporada anterior hubo RECORD, 19 FENOMENOS ADVERSOS

El otoño meteorológico comienza con una curiosa tradición ya incorporada al lenguaje cotidiano, poner nombre a las borrascas. Cuando llegue el próximo temporal de viento, lluvia o nieve que obligue a mirar los mapas del tiempo con cierta preocupación, no habrá que esperar a que alguien improvise un nombre. La meteorología europea tiene ya preparada la lista. Adam será el primero; Walter, el último. Entre ambos desfilarán 19 nombres más: Bruna, Charles, Diane, Eric, Flora, Gabriel, Heloise, Igor, Julia, Kevin, Lola, Michel, Nathalie, Oscar, Paola, Rafael, Sandra, Thomas y Vera. La nueva temporada comienza el 1 de septiembre y es la décima campaña de este sistema para el suroeste de Europa.
Pero ¿quién decide que una borrasca se llame Adam y no, por ejemplo, Antonio? La respuesta está en el Grupo Suroeste Europeo, integrado por los servicios meteorológicos de España, Francia, Portugal, Bélgica, Luxemburgo y Andorra. AEMET forma parte de este grupo junto a Météo-France, IPMA, RMI, MeteoLux y el Servei Meteorològic Nacional de Andorra. Todos ellos trabajan coordinados dentro de EUMETNET, la organización que articula la cooperación de los servicios meteorológicos nacionales europeos. El sistema nació para conseguir algo mucho más importante que poner nombres simpáticos a los temporales. El objetivo es que la población identifique rápidamente un episodio meteorológico potencialmente peligroso, incluso cuando afecta a varios países.
La elección de los nombres tiene, además, una pequeña historia diplomática. Cada temporada uno de los países del grupo asume la responsabilidad de preparar la lista. Este año le correspondía a Francia. Météo-France abrió en primavera una consulta pública y recibió más de 40.000 propuestas de nombres. A partir de esas sugerencias se elaboró una propuesta que posteriormente fue consensuada con España, Portugal, Bélgica, Luxemburgo y Andorra. La lista definitiva mantiene 21 nombres, alternando masculinos y femeninos. No se trata, por tanto, de un meteorólogo sentado delante de una pantalla escogiendo su nombre favorito: es un proceso colectivo y europeo.
Y aquí llega la parte más importante. Tener un nombre preparado no significa que la borrasca vaya a utilizarlo. La mayoría de las borrascas que atraviesan Europa siguen siendo anónimas. El nombre se reserva para aquellas que pueden generar un impacto importante. Como regla general, el sistema se activa cuando se prevé la emisión de avisos meteorológicos de nivel naranja o rojo por viento en alguno de los países del grupo. En España, eso equivale, dependiendo de la zona, a rachas máximas superiores a 90, 100 o 110 kilómetros por hora. Si además las precipitaciones pueden provocar impactos importantes, el umbral de viento puede ser menor.
Las DANAs tienen una particularidad. Desde la temporada pasada también pueden recibir nombre cuando se prevé que vayan a producir un episodio meteorológico de gran impacto. En estos casos, la lluvia o la nieve intensa y persistente adquieren especial importancia y no es imprescindible que exista un aviso de viento para bautizar el fenómeno. La decisión pretende evitar una confusión bastante habitual. Una DANA no equivale automáticamente a una catástrofe. Solo aquellas que se prevea que pueden generar una gran adversidad entrarán en la lista de fenómenos con nombre propio.
La decisión tampoco la toma necesariamente AEMET. El primer servicio meteorológico del grupo que prevea que un fenómeno va a alcanzar los criterios establecidos será el encargado de ponerle nombre, siguiendo el orden de la lista y comunicándolo inmediatamente al resto. Así, una borrasca que afecte posteriormente a España puede haber sido bautizada en Francia o Portugal. Durante la temporada 2025-2026, por ejemplo, AEMET nombró fenómenos como Alice, Claudia, Emilia, Harry y Oriana, mientras que Météo-France puso nombre a Benjamin, Davide, Goretti, Nils y Pedro, e IPMA bautizó otros como Francis, Ingrid, Joseph, Kristin o Leonardo.
La razón de fondo es sencilla. Un nombre funciona mejor que una descripción meteorológica interminable cuando hay que comunicar un riesgo. “Borrasca Nils” permite identificar rápidamente un episodio concreto en una alerta, una conversación, una noticia o un informe posterior. AEMET considera que esta fórmula mejora la comunicación con la ciudadanía, facilita la preparación de las administraciones y permite estudiar posteriormente los efectos de cada episodio. El nombre, además, acompaña al fenómeno durante todo su ciclo de vida.
La nueva temporada llega, además, después de un dato excepcional. La campaña 2025-2026 terminó con 19 fenómenos nombrados, un récord desde que comenzó el sistema. La primera fue la DANA Alice, en octubre de 2025, y la última de la lista utilizada fue Therese, en marzo de 2026. Es una cifra que ayuda a entender por qué los nombres han dejado de ser una curiosidad meteorológica para convertirse en una herramienta habitual de comunicación del riesgo.
Hay, por último, una peculiaridad interesante. Europa no tiene una única lista de nombres para todas sus borrascas. El continente está dividido en diferentes grupos meteorológicos -Suroeste, Oeste, Norte, Central y los grupos mediterráneos- que coordinan sus respectivos nombres. Cuando un fenómeno ya ha sido bautizado por uno de ellos, el nombre se comunica al resto para evitar duplicidades y mantener una denominación común. Porque detrás de algo aparentemente tan sencillo como decir “se acerca la borrasca Adam” hay, en realidad, una red europea diseñada para conseguir que todos estén hablando exactamente del mismo temporal./SPOONFUL
*Fuentes: AEMET, Météo-France y El País.
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