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{CULTURA / LIBROS}

La cultura popular se cuela en la Academia o el Nobel de Dylan

La noticia salta y las redes sociales se vuelven locas. Un tipo de Duluth (Minnesota) llamado Robert Allen Zimmerman se hace con el Premio Nobel de Literatura, un salto cualitativo sin duda alguna. Y es que Bob Dylan estaba en las quinielas del galardón desde hacía mucho tiempo. No tenemos ni idea de cómo funciona el tema pero, siempre que se mencionaba que Dylan podía alzarse con tan preciado galardón surgían voces en contra que cuestionaban la categoría o la profundidad de la obra de uno de los referentes más importantes de la música popular. Sin embargo, en este 2016 Bob Dylan ha entrado en uno de los lugares donde faltaba sin duda la presencia de este tipo de manifestaciones artísticas.


La Academia Sueca ha justificado este reconocimiento porque Dylan “ha creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción”. Cuestionarse la hondura de la obra de Dylan, la profundidad de sus letras y cómo, a lo largo de ya cinco décadas, ha ido creando una especie de ‘gran novela norteamericana’ a través de decenas y decenas de canciones, llama la atención. Son apasionantes sus primeras décadas, cuando despunta como cantante folk protesta en el Greenwich Village neoyorkino y desde allí llegarán discos acústicos como The Freewheelin’ Bob Dylan (1963), The Times They Are-A Changin’ (1964) o Bringing It All Back Home (1965) y de ellos saldrán himnos que le convertirán en un representante de su generación y que quedarán ya en la memoria colectiva como ‘Blowin’ in the Wind’, ‘Masters of War’, ‘A Hard Rain’s a-Gonna Fall’, ‘The Times They Are-A Changin’ o ‘Mr. Tambourine Man’, por decir sólo las más conocidas.

 

Y luego le toca el turno a su viraje eléctrico, que tantas críticas le costó, encadenando Highway 61 Revisited (1965) y Blonde on Blonde (1966), y en ambos encontramos ‘Like a Rolling Stone’, ‘Tombstone Blues’, ‘Ballad of a Thin Man’, ‘I Want You’, ‘Just Like a Woman’…Sin comentarios, más clásicos, siendo unos años efervescentes en los que se acompaña de The Band y que terminan recluido en Woodstock tras su accidente de moto donde tratará de alejarse del mito que ha construido. Sin haber pretendido serlo, se conviertió en esa voz de su generación que decíamos, pero Dylan se reinventa junto a The Band, graba The Basement Tapes y vira hacia sonidos de raíces más norteamericanas, demostrando de nuevo su visión y talento.
No volverá a estar a ese nivel, pero no importa. Su producción no parará, decenas de trabajos desde entonces, y dejará obras tan profundas como el disco de divorcio Blood on the Tracks (1975), Time Out Of Mind (1997) o Love and Theft (2001). Sí, por medio discos menores, conversiones religiosas y una gira interminable que dura décadas, trabajos donde revisa el cancionero de Sinatra, reediciones, Bootlegs, y todo un abanico de producciones para un artista incontenible.


Dylan ya había ganado el Pulitzer y el Príncipe de Asturias, pero faltaba el Nobel, un paso merecido para el reconocimiento de una obra que trasciende las fronteras norteamericanas y que se justifica en sí misma. Dylan seguirá con su gira interminable y, una vez más, se habrá convertido en el primero de la clase al conseguir este premio. Una gran alegría para los aficionados a la música en general y a la música popular en particular, con Bob Dylan ocupando un lugar que merece./Sergio Andrés

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