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{CULTURA / EXPOSICIONES}

Reflexiones sobre una planta baja

La Sala de Exposiciones 'Planta Baja' reúne a siete artistas en una muestra autoreflexiva

A la altura de los ojos, la ciudad ofrece un sinfín de espacios. Algunos son comercios o bazares, otros son cafeterías, asociaciones, instituciones, o establecimientos desde los que se prestan variados servicios. Hoy muchos de esos locales surgen decorados con el cartel de ‘Se Alquila’; ese aviso ya habitual en el paisaje urbano que, en letras naranjas sobre fondo negro, anuncia que el recinto se encuentra libre. Todos, los activos y los otros fueron y son una oportunidad.


Planta Baja, el local reconvertido en Sala de Exposiciones por José Miguel y Aurora León, se sitúa en la calle Cigüeña de Logroño, entre y junto a otros locales en los que se vende, se repara y enseña. Planta Baja encuentra en el diseño y el arte su razón de ser y como explica José Miguel León, “entendemos que el valor del arte se encuentra en la capacidad del artista en provocar preguntas”. Ahí germina la idea de la muestra colectiva que ahora acoge el local logroñés.


José Miguel y Aurora decidieron jugar con la localización y el nombre de la Sala y plantear a siete artistas las preguntas ¿Qué es para tí una planta baja?, ¿Qué te sugiere la idea de Planta Baja? En busca de respuestas acudieron a siete creadores –siete amigos, asegura José Miguel. José Carlos Balanza, Rosa Castellot, Óscar Cenzano, Demetrio Navaridas, Félix Reyex, Teresa Rodríguez y Carlos Rosales.


La exposición se adentra en el juego propuesto entre el lugar y la idea, entre el contenido y el continente. ‘Planta Baja’ –la exposición- es siete lecturas diferentes alrededor de una misma pregunta.

 

Así, para iniciar el recorrido, las fotografías de José Carlos Balanza apuntan a las posibilidades y las intenciones. Se explica: “Somos como una casa de vecinos; en el primero viven las posibilidades y arriba, justamente encima, las intenciones”. Balanza recuerda que “ambas, en la soledad de sus independencia, desvinculadas entre sí son ineficaces y estériles, hasta que juntándose  se activan para resultado de lo que contienen. Una no puede entrar en el espacio de la otra, así que se convocan en el único espacio que pueden compartir, en la planta baja, en la cota cero”.
Las fotografías de Balanza muestran el trabajo en el estudio del artista –las posibilidades- y la obra –las intenciones. “La cota cero es la base en la que se construye, en la que se compone la realidad, es el lugar de participación y de realización de lo común”.

 

La invitación a reflexionar planteada por José Miguel y Aurora ha llevado, en cambio, a Rosa Castellot hacia la naturaleza. Así, desde la posición de planta baja, Castellot ha llegado a sus dibujos –grafitos- de planta(s) baja(s). “Son –explica- las más humildes, tanto que a veces pasan desapercibidas ante la grandiosidad de los árboles o la belleza de las flores”. Ante la comparación, Rosa Castellot defiende sus plantas bajas desde su utilidad, “desde los misteriosos beneficios que contienen hasta los letales venenos que encierran”.
Castellot anota en sus plantas bajas la condición de aviso positivo. “Son indicio –describe- del renacer de la naturaleza cada primavera; son agradecidas en años de lluvia, al crecer al borde del camino o en las grietas de las paredes y asoman entre la nieve, demostrando voluntad de vivir”.

 

‘A pie de planta y planta alta sobre forjado’ es el título de las dos esculturas a través de las cuáles, Óscar Cenzano ha dado respuesta a la pregunta de la familia León. “Concibo –dice- la planta baja como un espacio diáfano; un espacio que luego es una farmacia u otro establecimiento”. Cenzano ha llevado su reflexión hacia el ser humano y entonces, como explica, “la planta del pie es la planta más baja que existe”. Ahí el escultor inicia su juego de ideas y formas. “Juego con la idea de que no tocamos el suelo con el pie, con el hecho de que los zapatos dicen mucho de las personas y son lo único que nos separa físicamente de la tierra, una especie de máscara que establece como queremos caminar sobre ella”.
Cenzano enlaza los pasos que damos con el transitar por la vida. “La horma de nuestros zapatos modela y nos prepara para el viaje, la vida cotidiana en el edificio… las plantas bajas siempre tienen construcciones encima”.

 

A tan sólo unos metros, la instalación propuesta por Demetrio Navaridas se organiza a dos niveles diferentes, física y conceptualmente. “En el inferior, en el terrenal –detalla- podemos observar, bajo la iluminación del espacio expositivo, un cuadro que muestra las herramientas que reinaron en un uso anterior y que el desuso ha bañado de polvo y telarañas. La composición tan sólo conserva como signo vital, un espejo, a través del que se refleja el ojo de buey que contempla la puerta de acceso a la sala de exposiciones”.
En el nivel superior, en el supra terrenal, las mismas herramientas surgen en una especie de danza bajo una tenue luz. “Dejo –dice Navaridas- al espectador la tarea de relacionar los diferentes significados y conexiones entre los dos niveles y la propia existencia”.

 

El relato escultórico ha sido la opción elegida por el escultor Félix Reyes. ‘Quiero contar una historia’ se sustenta en los recuerdos de Reyes; también en las ciudades y barrios en los que ha vivido y en sus amigos artistas. “Gran parte de mi vida –cuenta- se ha desarrollado en una planta baja. Nací en una, viví cuatro años en un sótano, catorce más en otra planta baja, allá en Matías Padrón. Además, la Escuela Municipal de Escultura en Pamo Chamoso, la calle de los balcones, los colegios, la Escuela de Artes y mis estudios y talleres han estado en plantas bajas… pienso que la vida social se desarrolla en plantas bajas, el comercio, los mercados, las tiendas, bares o salas de exposiciones…”.Para responder a José Miguel y Aurora, Reyes recurrió a un trabajo ya iniciado en el que representaba la vida de un barrio, en el que –en otras cosas- había una sala de exposiciones. “Las figuras de los amigos –explica- contrastan con las esculturas abstractas que están expuestas y que pueden cambiar como sucede en una sala real, invitando a otros artistas a participar”. En definitiva, dice, “como es tradicional en mí, cuento cosas que he vivido y que me dejan huella”.
Yo identifico la planta baja con la calle”. Así explica Teresa Rodríguez su interpretación del nexo que conecta la muestra colectiva. Sus nueve fotografías se entrelazan bajo el título ‘Ground Floor. NYC 2013’. “Es el relato –señala- de la vida en planta baja, con lo que te encuentras”. La fotógrafa detalla que “algunos son espacios deshabitados, solitarios, otros en cambio son lugares a pie de calle, donde se detienen o transitan hombres y mujeres”. En las fotografías de Teresa, colores, formas y líneas se entremezclan para definir las escenas. “Instantes al paso y al piso”, dice.


Las respuestas a las preguntas planteadas como origen de la exposición, las completa Carlos Rosales. Quizá no lo dice expresamente, pero el ojo de buey que preside la puerta de entrada a la Sala parece haber inspirado la fotografía del artista. “Cuando yo era un niño –recuerda- me gustaba mirar por los agujeros que salían al paso; ver a través de un agujero suponía descubrir esa dimensión desconocida que la realidad no ofrecía de manera evidente. Para el niño que yo era, mirar por aquellas ventanas redondas era una pequeña aventura visual”.


Al participar en la muestra colectiva ‘Planta Baja’, Rosales asegura estar encantado de recuperar esa sensación infantil de mirar a través de un agujero. “Volver –sugiere- a descubrir un mundo donde todo es nuevo y que parece aumentar nuestra realidad”.


Habrá que consultar con José Miguel y Aurora León cuando pase un tiempo y aborden una nueva muestra en Planta Baja si las respuestas han cumplido las expectativas o si como decían al principio el valor del arte se encuentra, precisamente, en provocar más preguntas.Preguntas y más preguntas./Javi Muro

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