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{CULTURA / EXPOSICIONES}

La luz vuelve al museo diez años después

El Museo de La Rioja acoge más de 27.000 piezas que van desde el paleolítico hasta nuestros días

En el año 2003 las tropas de Estados Unidos invadieron Irak, un niño de quince años –Seb Clover- se convirtió en el navegante más joven en atravesar el Atlántico, mientras en Méjico se registraba un terremoto de 7,6 grados en la escala Richter. Hace diez años, el trasbordador Columbia se desintegró al regresar a la atmósfera terrestre, 163 inmigrantes fueron detenidos en las inmediaciones del estrecho de Gibraltar y el vertido del Prestige –el ya famoso chapapote- continuaba arribando a las costas gallegas. En 2003 también, el Gobierno revisaba el Código Penal para introducir en su articulado el cumplimiento íntegro de las penas para terroristas y crímenes graves –ayer la Unión Europea anuló la doctrina ‘Parot’-, también, moría la oveja Dolly y Fernando Alonso se convertía en el primer español en vencer en una gran premio de Fórmula 1. La Liga la ganaba el Valencia, la Champions el Milán y el Tour, como siempre, Armstrong. Hace diez años el Óscar fue para ‘El señor de los anillos’ y el Goya, para ‘Los lunes al sol’ –película que parece no tener fin- y el Museo de La Rioja cerraba sus puertas, cerrojo que también apuntaba a eterno.


Pero no, el Museo de La Rioja ha vuelto a mostrar la espectacular escalinata de madera que distribuye al visitante por su diferentes estancias; por las de siempre, las del Palacio de Espartero y, por las nuevas, aunque calcen ya una década de vida a oscuras. Y es que hasta la fecha la ampliación de edificio, tan sólo había ejercido de espacio cultura durante ‘La Ciudad Inventada’, cuando una fotografía de García Alix, en formato gigante, cubrió su fachada.

 

Las obras de ampliación y rehabilitación del museo comenzaron en 1998, cuando fue convocado el concurso para la construcción del nuevo edificio, el que enlazado al palacete del siglo XVIII se estira por la calle San Agustín hasta tocar con la también histórica panadería El Paraíso. El proyecto se adjudicó en 2000 y el edificio se terminó en 2003. Las otras obras –las correspondientes a la restauración del Palacio de Espartero- quedaron paralizadas en ese momento. Ahora, una década después, ya es posible de nuevo realizar el espectacular recorrido que propone la visita museística y que abarca desde el paleolítico hasta nuestros días.

El museo presenta una superficie de 3.042 metros cuadrados, de los que 1.138 pertenecen al Palacio de Espartero y 1.903 al nuevo espacio. En su plantan baja, el remozado espacio cultural acoge una tienda, la biblioteca y una sala destinada a contener exposiciones temporales, que se suma así a la ya existente en el sótano.


Es en la primera planta donde comienza la visita a los fondos del museo. Un recorrido que comienza con un audiovisual sobre la Historia de La Rioja. El siguiente paso nos adentra entre salas comunicantes en la prehistoria, la época preromana y el mundo romano. Con detenimiento, las piezas exhibidas muestran aspectos relacionados con la economía, los medios de vida, las creencias, el culto y la vida doméstica de estas épocas.

 

Siguiendo la balaustrada de madera se asciende hasta la segunda planta. Allí en un itinerario de espacios entrelazados el protagonismo recae sobre las colecciones arqueológicas y las expresiones artísticas de la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco. A la mirada del visitante destacan las tablas de San Millán de la Cogolla, el retablo de Torremuña, la Venus de Herramelluri y diversos elementos catalogados del monasterio de la Estrella de San Asensio.

El traqueteo de los escalones de madera acompaña los pasos hasta el tercer piso, mientras se descubren las pinturas murales que acompañan cada tramo de peldaños. Ya arriba, la planta se divide en dos alas diferenciadas. Por un lado, se encuentra la espectacular colección de pintura del siglo XIX –que contempla varias obras cedidas en depósito por el Museo del Prado- y por otro, el área dedicada a la etnografía, una zona en la que se detallan, a través de una compilación de piezas, desde los oficios artesanales a las tareas agrícolas o ganaderas.

 

En definitiva el paseo por el Museo de La Rioja ofrece una panorámica de la Historia de la región, desde los primeros vestigios paleolíticos hasta el mundo contemporáneo. Mas de 27.000 piezas y obras; pintura, escultura y etnografía, dentro de una propuesta arquitectónica que conjuga el patrimonio y la modernidad, en la que ambos edificios conviven sin trabas, en continuidad.
Un edificio, el conocido como Palacio de Espartero, que peterneció a Jacinta Martínez Sicilia. Lo heredó de su familia materna con motivo de su matrimonio con Baldomero Espartero en 1827. Fue su residencia durante los primeros años de matrimonio hasta la marcha del general a Madrid y al que regresaron en 1843, tras el exilio de Espartero en Londres. Jacinta y el general tomaron el actual museo como vivienda definitiva en 1856, cuando Espartero dijo que se alejaba definitivamente de la política. Cuentan que la sala de billar del inmueble se convirtió, desde ese momento, en permanente lugar de tertulia. Es ahí, en lo que vuelve a ser el Museo de La Rioja, donde Espartero recibe en 1870 a los emisarios que le quieren hacer rey de España, al rey Amadeo cuando le concede el título de Príncipe de Vergara y a Alfonso XII en sus dos visitas a Logroño.


El Palacio no se transforma en espacio cultural hasta 1971. Primero como Museo de Logroño e incorporado al Patronato de Museos; después ya, diez años más tarde, como Museo de La Rioja. Desde aquel 6 de diciembre de hace cuarenta y dos años, la sillería del palacete ha resguardado la cultura material de La Rioja. Una protección que a lo largo de la última década la ha ejercido con las luces apagadas y la puerta atrancada. Desde hoy, el Palacio de Espartero y sus anexos vuelven a cumplir la principal misión de todo edificio: ser vivido… más aún si se trata de un museo./Javi Muro



*Horarios de visita:

De 10 a 14 y 16 a 21, de martes a sábados.


De 10 a 14, domingos y festivos.

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