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{CULTURA / CINE}
Viajes y aventuras, el cine de los argonautas
Una película de aventuras, con un viaje lleno de infortunios, es quizá el primer recuerdo que –al menos la mayoría- tenemos del cine, ya sea gracias a ‘Las Minas del Rey Salomón’ o a ‘La Guerra de las Galaxias’. El protagonista –el héroe- recibe un encargo o se impone a sí mismo un reto que tiene que satisfacer. Para lograrlo deberá emprender un viaje en el que sufrirá mil y una adversidades. Es una historia conocida pero siempre atractiva.
Pero si el argumento se sustenta sobre una base similar en una película de los años cincuenta, de los setenta o actual, de 2012, ¿cuál es el nexo que da origen a estas historias? ¿Cuál es la inspiración de los narradores cinematográficos? ¿Por qué las historias de viajes y aventuras parecen inagotables?
La respuesta la dieron, en gran medida, Jordi Ballo y Xavier Pérez, en el ensayo ‘La semilla inmortal’ (año 2000), en el que definieron los géneros narrativos. ‘La semilla inmortal’ viene a decir que todas las historias narradas a lo largo del tiempo en el cine beben del manantial de unas pocas líneas argumentales con origen en los clásicos. Homero, Ovidio, Sófocles, Shakespeare, Kafka, Chéjov, ‘La Odisea’, ‘La Eneida’, ‘Antígona’, ‘El sueño de una noche de verano’, ‘Romeo y Julieta’, ‘Don Juan’, ‘Fausto’, ‘Edipo Rey’, ‘Prometeo’ o ‘Macbeth’. Es decir, Ballo y Pérez apuntan que “las narraciones que el cine ha contado y cuenta no serían otra cosa que una forma peculiar, singular, última, de recrear las semillas inmortales que la evolución de la dramaturgia ha ido encadenando y multiplicando".
Entonces, ¿Dónde se encuentra la semilla de las películas de aventuras con las que nos acercamos al cine? Pues, según Ballo y Pérez, en la leyenda de ‘Jason y los Argonautas’ y su agitado viaje en busca del ‘vellocino de oro’.
La historia cuenta que un día que Pelias -tío de Jasón y usurpador del trono de Yolco-, fue a consultar sobre su futuro y fue advertido por el oráculo de que tuviera cuidado con un hombre calzado con una sola sandalia, ya que pondría en peligro su reinado.
Jasón fue educado por Quirón hasta que fue adulto y en el momento de cumplir veinte años se dirigió a Yolco dispuesto a recuperar el trono, que por herencia le pertenecía. Llegó a la ciudad -llevaba el pie izquierdo descalzo- y se dirigió la plaza pública de Yolco justo en el momento en que su tío Pelias se disponía a celebrar un sacrificio público. Pelias no lo reconoció, pero se asustó al observar al visitante descalzo. Jasón permaneció unos días con su padre y después se presentó ante el rey usurpador y reclamó el trono. Pelias decidió alejarlo de su tierra enviándolo a una misión imposible: viajar hasta la tierra de Cólquide y traer de regreso el vellocino de oro.
Jasón lideró la expedición de los griegos a Colquide en la travesía que cuenta con más referencias en la mitología griega. Píndaro, Esquilo o Eurípedes escribieron sobre esta aventura. Jasón juntó a los mejores hombres y se embarcaron en la nave ‘Argos’, partiendo para de satisfacer el encargo recibido. Ahí comienza un viaje lleno de lances, peligros y hazañas. Y ahí se asienta también, según detallan Ballo y Pérez, el hilo argumental que sigue atrayéndonos siglos después.
En ‘Simbad y la princesa’ (Nathan Juran 1958) el argumento está claro. El héroe emprende un peligroso viaje lleno de aventuras hacia la isla del Coloso con la intención de romper el hechizo realizado por un malvado mago contra la princesa de la que está enamorado. Para salvarla, deberá luchar contra innumerables monstruos míticos como el Cíclope devorador de hombres, un esqueleto experto en armas blancas, un feroz pájaro y, por supuesto, un dragón que lanza llamaradas de fuego por la boca.

Igualmente sucede, con ‘Las Minas del Rey Salomón’ (J. Lee Thompson 1985). En esta ocasión, Allan Quatermain, un afamado cazador, inicia un safari por el corazón de África. Al mismo tiempo, Elizabeth Curtis, acompañada de su hermano John, se interna en la zona más inhóspita del continente para buscar a su marido, desaparecido mientras buscaba las minas del Rey Salomón. O en ‘En Busca del Arca Perdida’ (Steven Spielberg 1981), donde corre el año 1936 e Indiana Jones es un profesor de arqueología, que después de una infructuosa misión en sudamérica, el gobierno norteamericano le encarga la búsqueda del Arca de la Alianza, donde se conservan las Tablas de la Ley que Dios entregó a Moisés. La leyenda dice que quien las posea tendrá poder absoluto, motivo por el cual es buscada también por los nazis.
Hay infinidad de trabajos que siguen un patrón similar. ‘El capitán Blood’ (Michael Curtiz 1935); ‘Rebelión a bordo’ (Frank Lloyd 1935); ‘La Reina de África’ (John Houston 1951) o más recientemente, ‘Tras el corazón verde’ (Robert Zemeckis 1984), ‘El Señor de los Anillos’ (Peter Jackson 2001), o ‘La Búsqueda’ (Jon Turtellaud 2004), son sólo algunos ejemplos.
Del mismo modo, las tramas sobre viajes de aventuras también cuentan con sus evoluciones, tanto estéticas -‘James Bond’ puede ser un ‘Jason’ pop, según ‘La semilla inmortal’- o en la propia motivación del camino a recorrer. Es el caso de ‘El Halcón Maltés’ (John Houston 1941), o ‘Easy Rider’ (Dennis Hopper 1969). En el mismo sentido, el personaje de Ulises y la idea del regreso al hogar han forjado un buen número de historias que han seguido su estela argumental. Las desventuras a lo largo del viaje y las dificultades de adaptación una vez de vuelta al hogar y las pruebas morales a las que se somete Ulises han dado pie a múltiples películas. Desde ‘2001 una Odisea del Espacio’ (Stanley Kubrick 1968), al viaje trascendente de ‘Solaris’ (Adrei TarKousky 1972 y Steven Soderberg 2002) pasando por la operación de búsqueda de ‘Salvar al Soldado Rayan’ (Steven Spielberg 1998).

Y el viaje y la aventura están presentes por supuesto en el western, un territorio sin descubrir, abierto a ser explorado y conquistado. El western es un espacio en el que los héroes son emprendedores, pistoleros, conductores de ganado, indios y sherifs, el desierto, las montañas, los ríos y los desfiladeros.
‘Centauros del Desierto’ (John Ford 1956), es quizá uno de los ejemplos más representativos. Muestra el regreso del guerrero a casa para defenderla de una amenaza y asume el encargo, el reto, de perseguir a los comanches que han raptado a una de sus sobrinas y recuperarla. El camino está también presente en ‘La Diligencia’ (John Ford 1939). Una historia que reúne a muy diversos personajes que emprenden un largo y peligroso viaje en diligencia. Las relaciones entre ellos serán difíciles y tensas. Y por si fuera poco, a lo largo del viaje, tendrán que defenderse del ataque de de los apaches.
Por supuesto, ‘Cimarron’ (Anthony Mann, 1960), un relato sobre la conquista del oeste, cuando miles de pioneros dispuestos a colonizar nuevas tierras se dirigen emprender la ruta para abrir el territorio de Oklahoma a la civilización. Entre ellos se encuentra Yancey Cravat y su mujer Sabra, que han decidido dejar la ciudad y afrontar la aventura.
Y de igual manera, el concepto de aventura en movimiento es el protagonista de ‘Río Rojo’ (Howard Hawks 1943), donde terminada la guerra de Secesión y tras sobrevivir a una matanza de los indios, el ganadero Tom Dunson (John Wayne) y su hijo adoptivo Matthew Garth (Montgomery Clift) trasladan diez mil cabezas de ganado desde Texas hasta Missouri, una empresa que hasta entonces nadie había logrado.
Aventuras y viajes, tal vez la primera película contada de un millón de formas diferentes.
Autor/Spoonful





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