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{CULTURA / CINE}
Palabra de Hitchcok, Alfred Hitchcok
El público debe sufrir tanto como sea posible. Así imaginaba Hitchcok sus películas, las historias que contaba a través de la cámara. De alguna manera, esa forma de entender el relato como una forma de hacer disfrutar desde la tensión y la angustia también la trasladó, según cuentan, a su vida diaria y a la relación con las actrices y actores. “Nunca dije –se defendía desde la ironía- que los actores fueran ganado, sino que deberían ser tratado como ganado”.
Para Hitchcok, los actores eran meras herramientas para contar su historia, la que tenía prevista, la que había plasmado en el guión, la que encajaba a la perfección sin dejar cabos sueltos. “Cuando un actor viene a decirme –explicaba- que quiere discutir su personaje le digo: está en el guión. Cuando me pregunta cuál es su motivación le digo: tu sueldo”. Así son los genios, no tienen obligación alguna de ser amables, entrañables o cercanos.
No hace mucho que la revista ‘Sight and Sound’ publicó una nueva edición de su prestigioso ranking y situó ‘Vértigo’ como la mejor película de la historia. Desbancaba así ‘Ciudadano Kane’, eterna e intocable en el trono hasta hace tan sólo unos meses. No es sencillo a ciencia cierta saber si ‘Vértigo’ era también la película favorita de Hitchcok de entre las que dirigió, ya que en más de una ocasión sentenció que el cine para él eran cuatrocientas butacas por llenar.
Un filosofía que recuerda más a su afición casi enfermiza por el sarcasmo y la sutil ironía que a su manera de pensar acerca del séptimo arte. Es difícil creer que el mismo realizador que aseguraba que “existe algo más importante que la lógica, la imaginación” pudiera tener una visión exclusivamente economicista de sus películas.
El cine para el director británico –si nos atenemos a sus palabras- era mucho más que un trabajo que resolvía con acierto. Él mismo aseguraba que dirigir una película no era tan sólo una parte de la vida, sino “un pedazo de pastel”… y no hay duda de que los dulces eran parte importante de la dieta del rey del suspense.
Y era el suspense, precisamente, la tensión, el hacer sufrir y generar inquietud y ansiedad en el espectador lo que hacía disfrutar a Hitchcok. “Imagínense un hombre sentado en su sofá favorito. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Eso es el suspense”, explicaba una y otra vez.
No se trataba de generar terror, lo que a Hitchcok le seducía y con lo que bañaba sus trabajos era algo mucho más sofisticado. Era, posiblemente, lo que sintió aquel día que siendo aún un niño, su padre permitió –con el fin de darle un escarmiento tras una travesura- que el jefe de Policía de la ciudad lo tuviera encerrado toda una noche en el calabozo. “¿Qué que me da miedo? –reflexionaba siendo ya director-, los niños pequeños, la Policía, los lugares altos y que mi siguiente película no sea tan buena como la anterior”. Temores y un ramalazo que se debate entre el ego y el perfeccionismo.
Quizá fuera a través de sus propios temores desde donde creaba los peligros que amenazaban a sus protagonistas y, por supuesto, a las némesis a las que se enfrentaban. Hitchcok no tenía dudas al respecto, “cuanto más elaborado sea el malo, mejor será la película”. El director de ’39 escalones’, ‘Rebeca’ o ‘Extraños en un tren’ era consciente de lo que el público esperaba de sus películas. “Si hubiera hecho Cenicienta –apuntaba- la gente hubiera buscado un cadáver en el coche de caballos”. No lo hizo a cambio dejó su firma en 'Con la muerte en los talones', 'El hombre que sabía demasiado', 'La ventana indiscreta' o 'Los pájaros'.
Siempre desde el sarcasmo, Alfred Hitchcok recurría a su condición de creador para recordar que el drama en el cine es como en la vida misma, “pero sin las partes aburridas” o para situarse en un Olimpo de dioses terrenales de la ficción, “donde los directores creamos la vida”. Así que cuando uno no tiene complejos para compararse con los dioses, aunque estos sean corpóreos, es fácil que se piense que no existen límites: “Mi amor por el cine es más grande que mi moral”.
Unos valores que parecían resquebrajarse cuando debía acudir a la televisión como trabajo alimenticio. A la pequeña pantalla no le tenía un especial cariño. “La televisión –decía- ha hecho mucho por la psiquiatría, no sólo ha difundido su existencia, sino que ha contribuido a hacerla necesaria”. Y eso que Alfred no tenía constancia de lo que estaba por llegar, nada sabía de grandes hermanos, sálvames y mujeres, hombres y viceversa., aunque algo ya presentía. “Ver una asesinato por televisión –apuntaba- puede ayudarnos a descargar los propios sentimientos de odio; si no los tienen… podrán obtenerlos en el intervalo publicitario” y concluía: “Es una vergüenza salir por televisión pero mi familia quiere comer”. ¿Trabajaría hoy en día con su 'Alfred Hitchcok presenta' para la HBO?

Ahora, las salas de cine proyectan ‘Hitchcok’, la película dirigida Sacha Gervasi en la que se narra las dificultades que el director británico encontró para rodar ‘Psicosis’. Alfred Hitchcok se encontraba en el cima de su carrera y ni aun así los estudios quisieron apoyarle en el rodaje al considerar que se trata de un trabajo de baja categoría. Hitchcok decidió autofinanciarse y emplear un muy económico equipo de televisión para realizar la película. El resultado es conocido: un fenómeno internacional en su día y una de las películas más influyentes y famosas de la historia. Quizá, cuando dijo aquello de que el público debía sufrir tanto como fuera posible no pensaba que la angustia y el riesgo pudieran rebosar más allá de la historia reflejada en el guión e impregnar el otro lado de la cámara. Como siempre, sarcasmo e ironía como antídoto./Javi Muro
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