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{CULTURA / CINE}
Norma Talmadge, sin querer
La actriz del cine mudo inició por accidente la ceremonia de las huellas en Hollywood Boulevard
Norma no quería. Quizá fueron esos movimientos casi precipitados de los personajes del cine mudo o quizá, tan sólo, el empuje del gentío que esperaba frente al teatro la llegada de la estrella. Ya no importa la causa. Ochenta y cinco años después lo que queda es una curiosa tradición –ya convertida en reconocimiento y homenaje- que se originó como consecuencia de un pequeño accidente, de una anécdota.
Si el protagonista hubiera sido Chaplin, o Harold Lloyd, o Stan Laurel y Oliver Hardy, estaríamos hablando de una interpretación callejera, de cómo eran capaces de viajar con sus personajes y ofrecerlos allí donde fuera; de dibujar tropezones, piruetas y caídas y provocar la explosión de carcajadas del respetable. Y donde mejor para ofrecer una representación de talento que frente a la puerta de un nuevo teatro.
Pero en aquella ocasión ningún cómico buscaba aplausos a cambio de comedia. En aquel mes de abril de 1927, la escena la ocupó -aunque por una vez no fuera su deseo-, Norma Talmadge. Fue ella y no Mary Pickord la que inició la tradición de dejar las huellas de pies y manos en el cemento de Hollywood Boulevard. Aunque lo cierto es que ella no quería, que no fue su intención.
Norma Talmadge era una de las grandes estrellas del cine mudo, aunque tampoco su carrera parece que fuera algo predemitado ya sus primeros pasos en el mundillo los dio empujada por la desesperación. Hija de luna de las primeras ‘madres de artistas de la historia’, Peg Talmadge, fue abandonada por su padre junto a su madre y a sus hermanas –Natalie y Constance. Sucedió el día de Navidad. Hastá ese momento, la vida de Norma se encontraba entre una novela de Dickens o un guión Disneay y con Walt haciendo sus pinitos en el mundo del cine resulta difícil no sospechar.
La necesidad obliga y las tres hermanas comenzaron a trabajar como modelos y actrices. En 1909 Norma actuó en sus primeros cortometrajes; cuatro años después ya era la estrella de Vitagram, la compañía para la que había interpretado cientos de pequeñas historias. El estrellato definitivo llegó para Norma en 1917, con la interpretación en Panthea.
La llegada del cine sonoro provocó el final de su carrera y su paulatina consumición. Carente de una voz melodiosa -tal y como les sucedido a tantas actrices y actores- fue quedándose apartada poco a poco de los focos. Interpretó su última película en 1930 y falleció en la Nochebuena de 1957; Walt parecía seguir merodeando.
Lo que nunca imaginó Norma Talmadge es que sin quererlo había inaugurado una de las tradiciones de reconocimiento y homenaje más curiosa y vistosa de la industria de cine. Fue, como decíamos, en abril de 1927. Norma acudía a un acto frente a un nuevo teatro cuyas obras acababan de concluir, cuando tropezó y cayó sobre la acera dejando las huelas de sus pies y manos en el cemento aún húmedo y fresco. Norma no quería; se levantó cabreada y luciendo esa mueca que actúa como sonrisa y que sólo son capaces de mostrar quienes habitualmente interpretan el papel de ser otros.
Aquel teatro recién terminado era el Teatro Chino Grauman que se encuentra en pleno Hollywood Boulevard y muy próximo al Teatro Kodak, donde durante décadas se ha celebrado la entrega de los Óscar. El teatro Chino llama la atención –no podía ser de otra manera- por la imponente pagoda que preside su fachada.
El actor Sid Grauman fue el promotor de su construcción. Hizo importar campanas, estatuas, e infinidad de piezas de China. Contrató a artesanos chinos para que esculpieran diversos detalles del espectacular acceso a la sala.
En mayo de 1927, un mes después del anecdótico accidente de Norma Talmadge, el Teatro Chino Grauman quedó inaugurado oficialmente. Y fue una apertura por todo lo alto con el estreno de Rey de Reyes, de Cecil B. DeMille. Al acto acudieron Mary Pickord y Douglas Fairbanks –copropietarios del teatro- y estrellas cinematográficas del momento.
Aquel día, la anécdota se transformó en tradición, cuando Pickord y Fairbanks protagonizaron la primera ceremonia de huellas. Uggie, el perro de The Artist, ha sido uno de los últimos actores en participar en el rito hace tan sólo unos meses./Javi Muro
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