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{CULTURA / CINE}

Esperando las respuestas que no encontramos, cine de extraterrestres

Spielberg regresa a los cines con las preguntas que le obsesionan desde el inicio de su carrera

Cada cierto tiempo, el cine vuelve a mirar al cielo. No porque espere encontrar respuestas, sino porque lleva décadas haciendo exactamente la misma pregunta. ¿Y si no estamos solos? La diferencia es que unas veces la formula con asombro, otras con miedo y otras con el entusiasmo de quien cree que los extraterrestres han venido a salvarnos de nosotros mismos. Ahora regresa Steven Spielberg con 'El día de la revelación', una película que imagina el momento en que la existencia de vida inteligente fuera de la Tierra deja de ser una sospecha para convertirse en una certeza. Una revelación que, según la premisa, afectará a siete mil millones de personas y que vuelve a situar al director en el territorio que mejor conoce, el de mirar las estrellas y preguntarse qué demonios hay allí arriba.

 

Spielberg tiene derecho a volver a ese lugar porque, en cierto modo, ayudó a construirlo, tal y como recuerda Gregorio Belinchón en El País. Mucho antes de que internet llenara los foros de fotografías borrosas y teorías imposibles, ya había enseñado al mundo que los extraterrestres podían ser visitantes fascinantes en lugar de invasores empeñados en destruir monumentos famosos; gracias a Dios casi siempre en Estados Unidos. Primero fue 'Encuentros en la tercera fase'. Después llegó 'E.T. el extraterrestre'. Entre ambas películas logró algo extraordinario, convencer a millones de espectadores de que un alienígena podía dar más confianza que algunos vecinos del rellano.

Porque durante décadas el cine de extraterrestres ha sido, en realidad, cine sobre nosotros. Los marcianos siempre llegan para revelar nuestras miserias. En 'La invasión de los ladrones de cuerpos' eran el miedo al conformismo. En 'Ultimátum a la Tierra' eran una advertencia moral para una humanidad empeñada en jugar con fuego nuclear. Los alienígenas nunca tuvieron demasiado interés en conquistar la Tierra. Éramos nosotros quienes necesitábamos que alguien nos pusiera frente al espejo.

Luego llegó la etapa del trauma. La década de los setenta y los ochenta descubrió que el espacio exterior podía ser mucho más desagradable de lo que parecía. Y entonces apareció 'Alien'. Desde ese momento, cualquier espectador entendió que responder a una llamada desconocida en mitad de la galaxia era tan buena idea como abrir la puerta de casa a las tres de la madrugada cuando alguien grita: "No se preocupe, soy perfectamente normal". El monstruo diseñado por H. R. Giger sigue siendo uno de los grandes hallazgos del cine moderno. Un extraterrestre que convirtió el espacio en una casa encantada.

La lista de obras maestras continúa con 'La cosa', donde la amenaza ni siquiera venía de fuera sino de la imposibilidad de saber quién era humano y quién no. Décadas después, la película parece menos ciencia ficción que un resumen acelerado de cualquier red social, incluso de un debate parlamentario. John Carpenter comprendió algo esencial, el verdadero terror no era el monstruo, sino la desconfianza.

 

También hubo tiempo para la filosofía. Ahí aparece 'La llegada', probablemente una de las películas de extraterrestres más inteligentes de la historia del cine. Mientras otros directores destruían ciudades enteras, Denis Villeneuve decidió que el gran misterio no era la tecnología alienígena sino el lenguaje. Una decisión muy poco espectacular para los estándares de Hollywood y precisamente por eso memorable.

 

Por supuesto, el género también ha producido extravagancias maravillosas. Ahí está 'Mars Attacks!', donde los extraterrestres aterrizaban para demostrar que la diplomacia interestelar puede salir tan mal como una reunión de comunidad de vecinos. O 'Men in Black', que convirtió la paranoia extraterrestre en una comedia tan eficaz que muchos espectadores acabaron sospechando de cualquier persona que llevara gafas oscuras. También podemos citar: 'Futurama', 'Expediente X', 'V', 'Proyecto Salavación', 'Bugonia' o 'Abbys'.

Lo curioso es que, después de casi un siglo de cine alienígena, seguimos esperando exactamente lo mismo, que alguien venga de fuera para explicarnos qué está pasando aquí dentro. Quizá por eso estas películas funcionan. Porque detrás de los platillos volantes, los rayos de luz y los mensajes cósmicos hay una pregunta profundamente humana. No queremos saber si existen extraterrestres. Queremos saber si ellos tienen las respuestas que nosotros hemos perdido.

 

Y ahí regresa Spielberg con 'El día de la revelación'. A los 79 años vuelve a una obsesión que le acompaña desde adolescente: la posibilidad de que la verdad esté ahí arriba y de que los gobiernos lleven demasiado tiempo escondiéndola. La película mezcla conspiración, misterio y contacto extraterrestre, planteando qué ocurriría si la humanidad descubriera de golpe que no está sola.

 

La pregunta, sin embargo, sigue siendo la misma que en las mejores películas del género. No qué aspecto tienen los extraterrestres. Ni qué tecnología poseen. Ni siquiera si vienen en son de paz. La cuestión es mucho más incómoda, después de tantos años soñando con ellos, ¿Y si somo el planeta menos desarrollado de la galaxia?/J.M.


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