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{CULTURA / CINE}
El frenesí de los incomprendidos
Paco León caldea la cartelera con 'Kiki, el amor se hace'
Ponerse cachondo parece fácil con la gran cantidad de estímulos que ofrece el siglo XXI, desde webs para todos los fetiches hasta muñecas de compañía a tamaño real. Suena trivial, sí, pero es algo muy serio cuando una sociedad te empuja hacia la monogamia en un entorno hostil e inconformista. Porque, en términos conyugales, la sociedad del mal llamado primer mundo es así de competitiva, confusa, incongruente y estresante. Algo así como una orgía con prejuicios, a lo loco.
El ramillete de opciones se amplía pero el pudor aún refugia torpezas del ser humano, como el patológico miedo hacia lo desconocido. Por suerte, cada vez más gente busca alternativas a esa sociedad miedosa y sin ruborizarse por lo desconocido en el mundo del sexo. Uno de sus ejemplos en el cine español es Paco León, quien ha estrenado su tercer largometraje como director bajo un aura de plena confianza; y esto se logra conociendo muy bien el género que se tiene entre manos.
'Kiki, el amor se hace' es pura comedia, el género que alumbró la carrera de Paco León en sus inicios actorales y que él tantas veces dignificó con sus gags televisivos. Desde luego no ha abandonado tal faceta cómica, si cabe incluso la refuerza en una parte de su nuevo film. En él se intercalan cinco divertidas historias de amor con curiosas filias sexuales en un calenturiento verano madrileño. Y el propio director sevillano protagoniza una de esas historias, las cuales son un bálsamo para el espectador.
Dacrifilia, elifilia, somnofilia y harpaxofilia son algunas de las particulares formas de obtener placer que descubren los protagonistas, pero para disfrutarlas tendrán que decidir cómo integrarlas en sus vidas. Sus sentimientos, sus miedos y sobre todo su sexualidad se transforman rompiendo tabúes, adentrándose en una etapa nueva, emocionante y libre
donde no se reniega ni del placer ni del amor. Exacto, porque el trasfondo de romance no desaparece y hasta se agradece.
Después de dirigir 'Carmina o revienta' (2012) y su secuela, 'Carmina y amén.' (2014), el también guionista Paco León ha dejado a la familia a un lado para irse de juerga conceptual con los amigos. Su madre, Carmina Barrios, y su hermana, María León, aquí no aparecen y a fin de que el elenco aumente con Natalia de Molina, Álex García, Belén Cuesta, Alexandra Jiménez, Luis Callejo o Candela Peña. Un reparto coral y de calidad, cargadito de Goyas en nominación o ya incluso en trofeo.
Basada en una libre adaptación de la película australiana 'The Little Death' (2014), esta obra de Paco León desecha la frivolidad que habitualmente hay en las comedias que toman el sexo por hilo conductor de su trama. Mientras otros optan por enseñar pechos a mansalva o vello púbico sin venir a cuento, el cineasta andaluz no abusa de dicho recurso para plantearlo como algo normal y no como placer vacío para adolescentes en pleno desbarajuste hormonal.
Las pequeñas historias de 'Kiki, el amor se hace' cruzan sus caminos en puntos muy, muy concretos pero suficientes para mantener viva la pasión entre sus personajes. Pues nadie debería olvidar que la pasión es el único motor realmente humano, capaz de encubrir actitudes obscenas o de reprimir controvertidos impulsos en virtud de un buen funcionamiento erótico. Debajo de las sábanas, es entonces cuando la pasión se transforma en libido... aunque no se enciende por arte de magia.
Un afrodisíaco de andar por casa
Todas estas filias no son nada sin complicidad, no funcionan sin almas gemelas ni pueden entenderse sin la opinión de algún semejante. Por eso Paco León conecta con los críticos cinematográficos a través de una peli que describe cada uno de esos requisitos, con un tono socarrón para recordar que a veces lo cómico es mejor crudo. Al mismo tiempo sus intérpretes se excitan entre sí en situaciones rocambolescas, para aclarar con ello que cualquiera puede guardar un extraño secreto.
El vecino del quinto piso, la asistenta, el delantero de tu equipo de fútbol, la panadera, el feriante o el conductor del autobús en el que montas todos los días para ir a trabajar. Luego puede que la chica con la que siempre te cruzas en el metro, el empleado de una gasolinera o el segurata de una oficina bancaria. Cualquier persona de tu entorno podría experimentar en la cama esa misma sensación que a ti te pone a cien, pero que solo Paco León se atreve a normalizar.
Los roles emparejados de Natalia de Molina y Álex García tienen pocos tapujos, fruto de la juventud de ambos y que sin embargo se ven frenados por el canon de su cerrada sociedad elitista; él quiere más y ella se conforma con menos, así que les toca explorar un punto intermedio. Contrasta con los personajes de Luis Callejo y Candela Peña, supervivientes de la antigua clase media que también dudan respecto a los vicios, por su extenso bagaje de desilusiones o por la simple incomprensión de su realidad.
El papel que interpreta Alexandra Jiménez sí es consciente de lo que ocurre a su alrededor, de sus defectos innatos y adquiridos, al igual que de las cualidades que espera de un compañero que satisfaga todos sus niveles emocionales. Tanto tiempo para una misma (y para su mascota) ha refinado su escala de exigencia, lo cual es otro hándicap en su ardua ruta por los madrileños rincones del coqueteo. Ni el trabajo como asistente de sordomudos amortigua su conciencia.
La resignación amenaza con envolverlo todo a su paso, como otro simbólico invitado a unas Fiestas de la Paloma donde ella quizá se da un respiro a la vez que los demás se reconcilian consigo mismos. Heterosexuales, homosexuales, bisexuales, transexuales, todosexuales o nadasexuales, entre las barracas siempre hay sitio para ellos con una peli positiva y enfocada al gozo visual e intelectual. Paco León nos dirige a todos sutilmente hacia
la fruta prohibida./Daniel Cabornero
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