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{CULTURA / CINE}
El agotador viaje de la nostalgia
Saoirse Ronan llena 'Brooklyn' de talento irlandés
En un contexto de crisis capitalista, hay generaciones enteras que son sacrificadas y que por eso conciben la emigración como una rutina más. Abandonar tu hogar, a tu familia, a tus amigos, tu ciudad y tu país, para probar fortuna en otro país lejano, parece entonces el pan de cada día. Y se hace a fin de llevar cada día algo de pan a casa, un fino sarcasmo que sin duda no divertía a los miles de emigrantes que llegaban a Estados Unidos a mediados del siglo XX.
Con la tierra prometida entre ceja y ceja, una cantidad enorme de personas se ha agolpado desde entonces en el puerto de la Isla de Ellis. Con la Estatua de la Libertad vigilando incesante desde el islote de al lado, todo ello se convirtió durante décadas y barco tras barco en la entrada más concurrida hacia América; era el acceso a un nuevo mundo, supuestamente lleno de oportunidades y con la cura infinita a todos los males de una vida sin trabajo ni beneficio.
En 'Brooklyn' se narra la conmovedora historia de Eilis Lacey (encarnada por Saoirse Ronan), una joven emigrante irlandesa que se va abriendo camino en el Nueva York de aquella época. Los motores de la economía yanqui necesitaban mano de obra, durante unos años 50 que iban a todo trapo gracias a los extranjeros. Atraída por lo que América promete, Eilis se marcha de Irlanda y deja así la comodidad del hogar materno, cambiándolo por las costas neoyorquinas.
Misma travesía que muchos compatriotas ya habían realizado, pues la colonia irlandesa es numerosísima entre los residentes en EE.UU. Y no es de extrañar a tenor de la Europa que, desde un siglo antes, se resquebrajaba por conflictos bélicos que luego sembrarían motivos para la Primera Guerra Mundial; y por mera extensión temporal, que también sembrarían excusas para la Segunda. El contexto de crisis, de nuevo, se antoja esencial para ver matices.
Naciones como EE.UU. se aprovechaban de tal coyuntura y adaptaban sus infraestructuras. El 17 de diciembre de 1900 se inauguraron las instalaciones del gran centro de inmigración de la Isla de Ellis, un lugar que ya funcionaba como tal desde 1892 y que aún antes, desde 1850, era el centro donde el estado de Nueva York gestionaba cada llegada. Porque el cambio de paradigma es significativo: dejas de ser emigrante para que te consideren inmigrante.
El personaje de Saoirse Ronan no lo asume bien y la fuerza de su nostalgia aflora rápidamente. Es un inicio lleno de dudas, de lágrimas y de pensamientos a la deriva cuando, casi sin querer, un nuevo idilio arrastra a Eilis al embriagador encanto del amor. Las calles de Brooklyn le resultan entonces más acogedoras, el tedioso trabajo más ameno y las chismosas compañeras de piso ya no molestan tanto. Incluso mete baza entre sus conversaciones y tópicos.
Pero su nueva vivacidad no tarda en quedar desbaratada por su pasado, que se representa en las figuras de su madre (Mary, a quien da vida Jane Brennan) y de su hermana mayor (Rose, a quien interpreta Fiona Glascott). Ambas son el único lazo que Eilis mantiene con esa Irlanda cada vez más alejada de su memoria. Vale que el acento todavía la delata, pero su corazón se acurruca paulatinamente en brazos de Tony Fiorello, un neoyorquino de nuevo cuño.
Tropezarse pronto con el amor
Emory Cohen es el actor que se mete en la piel de este hijo de italianos, un fontanero desvergonzado en sus pasiones aunque respetuoso en sus modales. A simple vista no parece el típico italoamericano de Brooklyn, pues su simpleza esconde alguna que otra ambición; eso sí, la tradición manda y cualquier plan futuro implica visitar la vicaría, amén de formar una familia numerosa, con la mujer adecuada y bajo el beneplácito de sus padres.
El imparable ritmo de la industria estadounidense no es nada comparado con la vertiginosa vida de Eilis. Pasa de no tener motivación en Irlanda (sin empleo estable, sin independencia, pocos amigos y ningún pretendiente) a encontrarse de golpe en Brooklyn con todos los alicientes que tanto anhelaba; es un choque de emociones que, sin embargo, ella afronta con madurez. Si tocase volver a Enniscorthy (su pueblo natal), su firmeza espiritual sería obvia.
Y es ahí cuando Eilis debería elegir entre dos países y las ilusiones que hay depositadas en cada uno de ellos. La dicotomía es tan cruda que la protagonista necesitaría tiempo para asimilarlo, una condición difícil de plasmar sin aburrimiento en la pantalla... salvo que seas Saoirse Ronan. Su interpretación, recompensada con nominación al Óscar, es el eje de esta película que mide muy bien los tiempos con su actriz principal en cada encuadre.
Alternando primeros planos con planos medios, la entereza de Ronan aumenta por momentos. Protagoniza la historia pero no la acapara, lo cual es inteligente para que el espectador se identifique con ella pero sin perder perspectiva global. El director, John Crowley, no usa en exceso los planos americanos y elige los generales para integrar paisajes sutilmente en la acción. No es baladí, pues con ello estampa el contraste emocional de Eilis.
Crowley se quedó fuera de los candidatos al Óscar de mejor dirección, aunque su peli sí concursa para la preciada estatuilla. Tras optar a una sola categoría en los Globos de Oro (por supuesto, Saoirse Ronan), el film cuenta con otras dos nominaciones de Óscar este 2016; primero la omnipresente Ronan y luego el guión adaptado del polifacético Nick Hornby, quien lo mismo escribe un extenso cuento futbolero como adapta una novela de Colm Tóibín sobre inmigración en los albores de un prometedor mundo contemporáneo./Daniel Cabornero
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