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{CULTURA / CINE}
El 11S y el cine, cuando Hollywood ya no quiso destruir Nueva York
La mayoría de las películas comienzan cuando se apagan las luces de la sala; otras empiezan mucho antes, se encuentran en la memoria del espectador. El 11 de septiembre de 2001 Estados Unidos vio y vivió en directo algo que hasta entonces solo había contemplado en las películas: aviones convertidos en proyectiles, edificios derrumbándose, calles cubiertas de polvo, y gente corriendo sin saber exactamente hacia dónde.
Durante décadas, Hollywood había destruido Nueva York con una tranquilidad admirable. Los extraterrestres derribaban edificios, los meteoritos caían sobre Manhattan y los villanos podían hacer desaparecer medio skyline antes de los títulos de crédito. Pero después del 11-S se produjo en cambio radical. La realidad había utilizado el lenguaje del cine y lo había llevado demasiado lejos. De repente, las Torres Gemelas dejaron de ser un decorado. Se convirtieron en una ausencia.
Hollywood reaccionó primero borrando. En 'Spider-Man', 'Zoolander', 'Men in Black II' y otras películas se eliminaron planos de las Torres Gemelas. 'Daño colateral', protagonizada por Arnold Schwarzenegger y construida alrededor de un atentado terrorista, retrasó su estreno. La industria descubrió que algunas imágenes ya no eran ficción, tenían memoria. Tardaría unos años en atreverse a mirar a lo ocurrido el 11S. Y cuando lo hizo, lo hizo desde lugares muy diferentes.

En 2002 llegaron los hermanos franceses Jules y Gédéon Naudet. Estaban grabando un documental sobre un bombero novato de Nueva York cuando el vuelo 11 de American Airlines apareció en el cielo. La cámara estaba encendida. Lo que habían empezado rodando como una película sobre bomberos acabó convertido en '9/11', uno de los documentos audiovisuales más extraordinarios sobre aquella mañana. No hubo que reconstruir el impacto del primer avión, la cámara de los Naudet estaba allí.
Ese mismo año, once directores de diferentes países intentaron hacer algo distinto. '11'09''01 September 11' reunió once películas de once minutos y nueve segundos, separadas por un segundo. Ken Loach, Alejandro González Iñárritu, Mira Nair, Sean Penn y otros cineastas intentaron explicar qué significaba aquel acontecimiento desde lugares distintos de Estados Unidos. Era una manera de recordar que las Torres Gemelas habían caído en Nueva York, pero que la onda expansiva había recorrido el planeta.
Después llegó Michael Moore con 'Fahrenheit 9/11'. El atentado dejó de ser únicamente una tragedia y se convirtió en una pregunta política. ¿Qué hizo Estados Unidos después? ¿Cómo se construyó la llamada guerra contra el terrorismo? ¿Qué relación hubo entre el miedo, Afganistán, Irak y la presidencia de George W. Bush? Moore convirtió el documental en una intervención política y llevó el 11-S hasta Cannes, donde ganó la Palma de Oro.
Hubo que esperar hasta 2006 para que Hollywood encontrara una de sus respuestas más contundentes. 'United 93', de Paul Greengrass, decidió contar lo que ocurrió dentro de uno de los cuatro aviones secuestrados. Sin grandes estrellas. Sin héroes de Hollywood. Sin discursos preparados. La película se mueve casi en tiempo real y convierte la incertidumbre en protagonista. Sabemos cómo termina. Lo sabemos desde el primer minuto. Y, sin embargo, seguimos mirando. La crítica la ha señalado como posiblemente la mejor película de ficción sobre los atentados.
Ese mismo año Oliver Stone estrenó 'World Trade Center'. Si Greengrass miraba hacia el cielo y hacia el avión, Stone bajaba hasta los escombros. Nicolas Cage y Michael Peña interpretan a dos agentes de la Autoridad Portuaria atrapados bajo las toneladas de acero y hormigón de las Torres Gemelas. El gran acontecimiento histórico se convierte entonces en una historia mínima. Dos hombres que quieren salir, dos familias que esperan y una ciudad que busca supervivientes.


El cine empezó entonces a comprender que quizá el 11-S no necesitaba siempre enseñar las Torres. Podía hablar de sus heridas. 'The guys' (El coraje de todos), 'En algín lugar de la memoria', 'Tan fuerte, tan cerca', 'Recuérdame' o 'Worth', cuentan distintas formas de convivir con la ausencia. Un bombero que debe escribir los discursos funerarios de sus compañeros. Un hombre que pierde a su familia. Un niño que busca una cerradura para una llave encontrada entre las pertenencias de su padre o un abogado que intenta decidir cómo compensar económicamente a las víctimas.
El atentado se convierte así en algo que no termina cuando cae el edificio. Se instala en las personas. Y quizá ahí está una de las grandes transformaciones del cine estadounidense, el 11-S pasó de ser un acontecimiento a convertirse en una atmósfera.
Está presente en 'La guerra de los mundos', de Steven Spielberg, en sus calles cubiertas de polvo y en la multitud que corre ante una amenaza que no comprende. Está en 'Monstruoso', con su Nueva York convertido en ruinas y sus ciudadanos grabando con una cámara mientras intentan escapar. Está en el miedo, en la vigilancia, en la paranoia y en la pregunta incómoda de cuánto puede sacrificar una democracia para sentirse segura. No hace falta que nadie diga "11 de septiembre". A veces basta con ver correr a la gente aterrorizada.



La otra gran película del 11-S se rodó muy lejos de Nueva York. 'La noche más oscura', de Kathryn Bigelow, cuenta la caza de Osama bin Laden. No reconstruye el atentado; reconstruye sus consecuencias. Diez años de inteligencia, persecución y guerra condensados en la operación que terminó en Abbottabad. Y junto a ella aparecen películas como 'En tierra hostil' -también de Bigelow-, 'El francotirador' -dirigida por Clint Eastwood-, '12 valientes', 'Reporte clasificado' o 'The Mauritanian': Irak, Afganistán, la CIA, las torturas, Guantánamo.
Es decir, el cine empezó contando lo que ocurrió el 11-S y acabó contando el mundo que nació después del 11-S. Y hay algo especialmente interesante en esta historia. El Gobierno estadounidense también entendió muy pronto que Hollywood podía ser algo más que una fábrica de entretenimiento. El episodio de 'Sucedió una noche' del 6 de septiembre de 2026 recupera una historia poco conocida. Después de los atentados, representantes de la Casa Blanca y de la CIA buscaron la colaboración de ejecutivos y guionistas de Hollywood para imaginar futuros escenarios terroristas. Washington quería anticiparse a nuevas amenazas, pero también comprendía el poder cultural de las películas para moldear la percepción de una sociedad recién instalada en el miedo.
Es una historia casi cinematográfica. Washington llamando a Hollywood para preguntarle qué podía imaginar Hollywood. Y Hollywood imaginó muchas cosas.
Pero hay una película que quizá resume mejor que ninguna otra el problema de contar el 11-S un cuarto de siglo después. 'La superviviente', el documental dirigido por Kike Maíllo, recupera la historia de Tania Head, una mujer que durante años aseguró haber sobrevivido al impacto del segundo avión en la Torre Sur y que llegó a presidir una asociación de supervivientes del World Trade Center. Una investigación de 'The New York Times' descubrió en 2007 que aquella historia era falsa. Aquí el cine vuelve a encontrarse con algo profundamente humano, la necesidad de pertenecer a una tragedia, incluso cuando no se estuvo allí.
Maíllo llega a esta historia precisamente cuando el 11-S cumple 25 años. Y el aniversario está produciendo una nueva mirada. Ya no se trata solamente de preguntar qué sucedió aquel día, sino qué ha ocurrido con quienes nacieron después. 'Momentos decisivos: Generación 9/11' coloca el foco en esa generación que era demasiado pequeña para recordar los atentados y, sin embargo, ha vivido dentro de sus consecuencias. '11-S: Unidos 25 años después', disponible en Disney+, mira hacia otra dirección, cómo el deporte, la música, Broadway y la comedia ayudaron a los estadounidenses a recuperar cierta normalidad.
También en España se vuelve ahora sobre aquella mañana. RTVE estrena en este 25 aniversario '11-S, las cintas perdidas', un documental construido a partir de las conversaciones grabadas entre militares y controladores aéreos durante los atentados. Son voces reales hablando mientras Estados Unidos descubre que no sabe exactamente qué está ocurriendo.
Y quizá ahí esté la clave de todo este cine. Durante años hemos visto las Torres Gemelas caer cientos de veces. En películas, documentales, informativos, fotografías, recreaciones y testimonios. Pero la imagen más poderosa quizá no sea la del avión entrando en la torre ni la del edificio desplomándose. Quizá sea la de una persona mirando una pantalla sin comprender. Porque el 11-S fue también eso, el instante exacto en que millones de personas descubrieron que estaban viendo historia mientras la historia todavía estaba ocurriendo.
Veinticinco años después, el cine sigue intentando ordenar aquellas imágenes. Primero quiso reconstruirlas. Después quiso explicarlas. Más tarde quiso discutir sus consecuencias. Y ahora empieza a preguntarse qué queda cuando ya casi nadie necesita explicar qué ocurrió, pero una generación entera ha crecido dentro de sus consecuencias.
Hay casi tres mil muertos. Hay supervivientes. Hay bomberos. Hay familias. Hay aviones. Hay edificios. Hay guerras. Hay Guantánamo. Hay Irak. Hay Afganistán. Hay musulmanes que fueron señalados. Hay una generación que perdió su infancia aquella mañana y otra que nació después sin haber visto jamás las Torres Gemelas. Y había una cámara. Una cámara que, hace 25 años estaba encendida cuando un avión apareció en el cielo de Nueva York. El cine lleva desde entonces intentando encontrar el plano siguiente./Javi Muro
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