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{CULTURA / CINE}
Dioses en una caverna
Antonio Banderas incordia al catolicismo en la floja 'Altamira'
Según una de las múltiples citas atribuidas al escritor irlandés George Bernard Shaw, "todas las grandes verdades comienzan por ser blasfemias". Él, que ganó en 1925 el premio Nobel de literatura y en 1939 un premio Óscar a mejor guión adaptado, aún era un joven residente de Londres cuando en 1879 se supo por medio mundo la noticia de un importante hallazgo en Altamira. Y aunque no incumbiera a su entorno literario, toda la cultura europea estaba revolucionada.
A 950 kilómetros de la villa londinense, entre las verdes colinas y los picos rocosos de la costa de Santander, se descubrieron las primeras pinturas prehistóricas de gran extensión. Eran bisontes al galope trazados con gran detalle, para convertirse así en el mayor conjunto pictórico encontrado hasta entonces. Algo extraordinario y que podía cambiar la percepción de la humanidad, siempre que la sociedad occidental de aquella época dejase a un lado sus prejuicios.
María Sautuola (interpretada en 'Altamira' por Allegra Allen e Irene Escolar) es la niña de 9 años responsable del jaleo. Junto a su padre Marcelino (encarnado por Antonio Banderas), María pone en riesgo la verdad católica. Ninguno de los dos rechaza la fe, pero la condición de Marcelino como arqueólogo aficionado es la excusa idónea para que la Iglesia agreda si lo necesita. Pues la afirmación de que tales pinturas sean obra de prehistóricos salvajes es casi un ataque a la Biblia.
Sorprendentemente, la comunidad científica liderada por el prehistoriador Émile Cartailhac (a quien da vida Clément Sibony) acusa de fraude a Marcelino por su hallazgo. El entorno de María se derrumba mientras sus intentos por ayudar solo empeoran las cosas. Su madre, la dulce y devota Conchita (interpretada por Golshifteh Farahani), también está perturbada por las revelaciones. La familia entra en crisis, cierra la cueva y será preciso todo el amor mutuo para encontrar el camino hacia la redención.
El director inglés Hugh Hudson, conocido sobre todo por 'Carros de fuego' (1981) y 'Greystoke: La leyenda de Tarzán' (1984), cumple en 'Altamira' con esta premisa de tocar la fibra sensible del espectador. Ya que el cariño paterno-filial actúa como buen termómetro si un film carece de profundidad, justo lo que ocurre en este caso. Sin cumplir las expectativas de cualquier drama histórico, el descubrimiento de esta cueva quizá no daba para alardes más allá de sus actores.
Antonio Banderas sostiene el carácter tenso de la película con su papel de Marcelino Sanz de Sautuola, pero en realidad es Rupert Everett quien acapara más atención en su rol de Monseñor. Con su huraño talante y su marcada entonación en los diálogos, el personaje de Everett se encarga de defender con clichés el dogma católico; mientras, al patriarca de la familia Sautuola se le presentan problemas para obtener reconocimiento en el campo de la arqueología.
La discordia entre ciencia y corazón
A finales del siglo XIX, con Alfonso XII reinando en España, había una fuerte discordia entre clericales y anticlericales, así como entre creacionistas y defensores de la evolución. Es obvio tal conflicto entre religión y ciencia, por las repercusiones que esas pinturas rupestres suponían para la palabra de Dios. Hasta el punto de que el Monseñor manipula a Conchita para que contradiga a su marido, lo cual es un reto para dicha época y una trama poco original para esta película.
Como recurso hubiese estado bien, pero algo tedioso si es uno de los temas centrales de la cinta. Hugh Hudson insiste varias veces en el conflicto conyugal como metáfora de la lucha entre dioses y ciencias, intercalando ahí la sombra del adulterio cuando aparece en escena el pintor Paul Ratier (encarnado por Pierre Niney). María es testigo de cómo su madre anda perdida en lo espiritual y sentimental, y eso repercute en secuencias donde la imaginación de la niña se desborda.
Repetido durante este largometraje, el truco de la zagala fantaseando propicia un desarrollo previsible y lento. El contenido es similar a muchos otros films que ponen en jaque a la religión, donde ya se ve el bloqueo eclesiástico hacia lo que suene científico. Muy manido eso de repudiar en primera instancia para luego colocar a cada uno en el lugar que cree merecerse. El reto de que Cartailhac otorgue su aprobación llega a destiempo y con el espectador desganado.
Sí queda el encanto generado por el director de fotografía José Luis Alcaine, cuyo trabajo nos traslada a bellos paisajes de Cantabria que embriagan desde la primera bocanada de naturaleza. De ese aire fresco y esas extensas laderas se aprovecha la joven actriz Allegra Allen; ella es el alma de una peli con un enfoque menos atractivo que si se hubiera planteado como documental. No en vano, 'Altamira' destaca por su rigor histórico y su respeto artístico.
Sin embargo, no ahonda en los motivos del descrédito hacia Marcelino desde sus colegas de profesión; y tampoco encaja que la familia Sautuola hable en la intimidad en inglés. Un proyecto cultural de esta envergadura sonaba como buen punto de partida en su adaptación cinematográfica, aunque el resultado final decepciona a todas luces. Incluso habrá a quien le resulte caricaturesco el Monseñor de Rupert Everett. Para gustos, las pinturas./Daniel Cabornero
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