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{CULTURA / CINE}
Coppola en el aire, 'No es nada personal, son negocios'
'Nunca digas lo que piensas a gente que no conoces'

El puesto de trabajo de Francis Ford Coppola como director de ‘El Padrino’ estuvo en el alambre desde la primera vez que se dejó caer su nombre junto a la novela de Mario Puzo y hasta que grabaron la última toma con la venganza de la familia Corleone y el ya famoso “Michael Francis Ricci ¿renuncias a Satanás? – Si, renuncio”.
A Coppola el estudio Paramount Picture le hizo una oferta que no pudo rechazar, pero aun así se lo pensó. O por lo menos eso asegura una de las personas que le ofreció el trabajo, Peter Bart, periodista y posteriormente directivo de Paramount Pictures, compañía que contaba con los derechos de lo que en un principio tan sólo era un ligero manuscrito de un escritor aún poco conocido, en el que se esbozaba de forma desordenada el relato que después se convertiría en una de las más grandes películas de la historia del cine.
Pero dicen que Francis se lo pensó. Así de entrada, parece que no quería dirigir ‘El Padrino’ –lo cuenta Bart en su libro ‘El secreto de los films que triunfaron’- ya que era un encargo comercial y no entraba en sus planes; él escribía sus propias historias, que después dirigía. Quizá aún no había trabajado con el guión pero ya parecía emplear sus frases: “Siempre me he negado a ser un muñeco movido por los hilos de los poderosos”.
Pero por otro lado, los consejos de algunos de sus amigos del cine le hicieron replantearse la decisión. “Es un gran estudio el que te ofrece trabajo –o algo así le dijeron- y siempre puedes emplear el dinero para hacer después otra cosa”.
La novela aún no se había publicado. Cuando ‘El Padrino’ apareció en las estanterías de las librerías todo cambio, ya nada fue igual. La novela pronto se instaló en las listas de ‘los más vendidos’, clasificación en la que permaneció durante más de sesenta y cinco semanas consecutivas.
Dicen que el éxito cambia a la gente, incluso cuando es indirecto. Y eso es lo que parece que sucedió en Paramount Pictures. Las multitudinarias ventas de la novela arrastraron las dudas sobre las conveniencia de que un director con poca experiencia, por muy de origen italiano que fuera -Coppola nació en Detroit, pero su madre era italiana- asumiera la dirección de la película. Y comenzaron las quinielas. Arthur Penn, Franklin Shaffer, Lewis Gilbert, Dino de Laurentis –al que después le ofrecieron también el papel de Don Vito Corleone- o Carlo Ponti, fueron algunos de los realizadores tocados ante la desconfianza que generaba en la cúpula del estudio Francis Ford Coppola.
No hay duda de que en 1957, cuando Francis ingreso en la universidad para estudiar Arte Dramático y dedicarse al cine, no imaginaba las tensiones que podían rodear la producción de una película y menos aún que casi ninguna fuera de carácter artístico. Si no lo sospechaba, en los meses previos al comienzo del rodaje de ‘El Padrino’ descubrió la cruda realidad.
Los nervios siguieron creciendo cuando Coppola mencionó que ya había elegido actores: Marlon Brando y Al Pacino. El primero considerado un repelente de espectadores y el segundo ¿Quién era? Un director novato y actores problemáticos o desconocidos ese era el run run que llegaba a la planta noble de la Paramount.
Por si fuera poco, comenzaba a escucharse la cantinela de que ‘El Padrino’ era inmoral porque idealizaba la imagen de la Mafia; una palabra que no se menciona ni una sola vez en toda la película. Según cuenta Peter Bart, en el guión original tan sólo aparecía en una ocasión, pero por sugerencia de la mafia –de la auténtica- se consideró innecesaria su mención.
La cúpula del estudio realizaba pruebas a escondidas a otros actores, pero Coppola se guardaba un as en la manga. Grabó a Brando mientras construía el personaje de Don Vito Corleone. El actor se introdujo algo en la boca y comenzó a describir el personaje del padrino. Por mucha oposición que tuviera desde arriba, el papel estaba predestinado para Brando.
El 28 de enero de 1971 echa a andar el rodaje y Francis no las tenía todas consigo; algo le decía que arriba le querían fuera del proyecto. Estaba confuso con la situación ya no distinguía entre la paranoia y a realidad ¿De verdad le seguían y controlaban en todo momento? Bart en su libro insinúa que así era, que esperaban un error para poder largarlo. “Los rumores de despido se incrementaban justo en el momento en que la película cogía impulso”. Al parecer se inclinaban por un director más violento. El guión continuaba intercalándose en la realidad y parecía que alguien quería transmitirle a Coppola que: “No es nada personal, es cuestión de negocios”.
Cuentan que incluso la Dirección del estudio tanteó a un último posible sustituto. La negativa de Elia Kazan dejó, por fin, el camino despejado a Coppola, que no albergaba dudas sobre lo que estaba filmando; una odisea familiar, no una película de género.
Francis Ford Coppola se entregó en cuerpo y alma en el rodaje de ‘El Padrino’, dibujó una obra maestra del cine, y aun así tuvo que escuchar comentarios que señalaban que la película había sido corregida en el proceso de montaje por los directivos del estudio. Coppola pudo quedarse quieto y asumir uno de los diálogos que acababa de filmar –“Nunca digas lo que realmente piensas delante de gente que no conoces”-, pero esas insinuaciones ya eran demasiado y envió una carta a la Paramount poniendo a cada uno en su sitio. Era consciente de que había llegado al final del rodaje por casualidad, pero también de que había filmado una obra de referencia. Se sintió héroe y prisionero. “Eres demasiado listo para dejarte vencer por nadie”, que dicen en la película./Javi Muro
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