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{CULTURA / CINE}

Brando, Chaplin, De Niro, Pacino, desde el atril

El celuloide recoge algunos de los mejores discursos jamas pronunciados

Suelen hacer falta al menos tres semanas para preparar un discurso improvisado. El autor de ‘Las aventuras de Tom Sawyer’ y ‘Un yanqui en la Corte del rey Arturo’ lo tenía claro. Para Mark Twain, al igual que sus relatos, la oratoria no puede dejarse tan sólo a la espontaneidad del momento; es preciso pulir las ideas con las que pretendes seducir a tu auditorio. Quizá, el concepto de discurso está ligado estrechamente a la política y ahí, en los últimos años, la figura de Barack Obama ha irrumpido fascinante tras el atril. Unas intervenciones que se han diferenciado por su capacidad de crear ilusiones a través de las palabras. Frases como el ya célebre “Yes, We Can” (Sí podemos), “la fe no significa que no tengamos dudas”, “cuando los americanos saben que tienen la capacidad de cambiar las cosas es muy difícil detenerles”, o “les estoy pidiendo que crean. No sólo en mi capacidad de traer el verdadero cambio a Washington, les estoy pidiendo que crean en la de ustedes” han situado al presidente americano a la altura del “no preguntes lo que tu país puede hacer por ti, sino lo que puedes hacer por tu país” o "yo soy un berlinés", de Kennedy.
Otros estadistas y políticos han destacado por sus intervenciones. Churchill –“debemos defender nuestra isla cueste lo que cueste”-, Lincoln y su discurso de Gettysburg, el sueño de Mrtin Luther King o Mandela y los “ideales por los que estoy dispuesto a morir”.


El arte de hablar bien ha sido siempre admirado. Tal vez porque el hombre necesita encontrar motivaciones e ideales con los que identificarse. En el fondo se trata de transmitir emociones y ahí, en esa empresa, nadie como el cine para hacernos vibrar. En esa misión, nadie como los guionistas para lograr el objetivo de conmovernos, embaucarnos o hechizarnos con discursos, arengas, palabras e, incluso, algún que otro silencio. En el cine, como en la vida real, el honor, el coraje, el futuro o la libertad, son valores que han latido de forma constante.


Es ahí, donde surgen instantes como el duelo dialectico en el Senado de ‘Julio César’, la película de Mankiewicz. Los monólogos de Marco Antonio –interpretado por Marlon Brando- tras el asesinato de Julio César se han convertido en un auténtico manual del manejo de las opiniones desde una tribuna. En ‘Julio Cesar’, Bruto acaba de justificar con brillantez ante el Senado y la plebe la muerte del César. Cuando llega su turno de intervención, Marco Antonio inicia su discurso con un gesto de astucia proclamando la honradez de Bruto. En sus palabras juega con emotivas pausas, falsas grandes verdades y la volubilidad de las convicciones. Apela a la emociones del pueblo para conseguir finalmente que lloren la ejecución de Julio César y se convenzan de la maldad honrada de Bruto.

 

Si lo que se trata es de elevar la moral y el ánimo de la tropa, entonces, nadie mejor que William Wallace, el personaje interpretado Mel Gibson en ‘Braveheart’. “¡Habéis venido a luchar como hombres libres! ¿Qué haríais sin libertad? Luchad y puede que muráis. Huid y viviréis. Un tiempo, al menos. Y, al morir en vuestro lecho, ¿no estaríais dispuesto a cambiar todos los días de vuestra vida por una oportunidad de regresar aquí y matar a vuestros enemigos? Puede que nos quiten la vida, ¡pero jamás nos quitarán la libertad!”.
Otro buen ejemplo de palabras pronunciadas con un fin motivador lo encontramos en ‘300’, cuando horas antes de que se desencadene la batalla de las Termopilas, el general espartano se dirige a sus escasos hombres para alentarlos. “El enemigo –grita ante el desfiladero- nos triplica el número; algo alentador para un griego. Hoy nos despedimos del misticismo y de la tiranía, y le damos la bienvenida al futuro más esperanzador que podamos haber imaginado”.


El honor y el valor son algunos de los temas recurrentes en los discursos cuando la épica salpica al séptimo arte. Ahí, si de juntar palabras con maestría se trata, será difícil encontrar mejor guionista que William Shakespeare. Unos de sus fans más incondicionales, Kenneth Branagh –actor y director- protagoniza y dirige ‘Enrique V’, perlícula en la que invoca al orgullo de los suyos. “Nosotros, pocos y felices, hermanos… Porque aquel que hoy vierta su sangre por mí será mi hermano, por muy vil que sea su nombre. Y los caballeros que hoy duermen en Inglaterra se maldecirán a sí mismos por no haber estado aquí. Sus hombrías quedarán en baja estima cuando oigan hablar a aquel que haya luchado con nosotros en el día de San Crispín”.


La ironía es también una extraordinaria herramienta de la oratoria y, por supuesto, de los argumentos cinematográficos. En ‘El gran dictador’, Charles Chaplin se hace pasar por un barbero que es confundido con ‘Astolfo Hinkel’, dictador de la gran Tomania. En plena intervención antes sus tropas y súbditos, Hinkel dice: “Vosotros, el pueblo, tenéis el poder, podéis crear fábricas. ¡El poder de crear felicidad!. Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de que esta vida sea libre y bella, de hacer de esta vida una maravillosa aventura. Así que, en nombre de la democracia, empleemos ese poder y ¡unámonos todos!”. En plena Segunda Guerra Mundial la satírica película de Chaplin se convirtió en puya contra el nazismo.


Al buscar discursos firmes y directos, el cine remite a la mafia, al cine negro. Un género en el que las palabras albergan siempre un significado mayor que el tiempo que se tarda en pronunciarlas. En ‘Los Intocables del Eliot Ness’, dirigida por Brian de Palma, Robert de Niro interpreta a Al Capone. En una de las secuencias, Capone ha reunido a todos los miembros de la familia en lo que parece, a priori, una celebración.

De Niro se levanta de la silla e inicia un discurso en el que emplea el relato de una historia, y las pausas medidas entre frases, como hilo conductor de lo que quiere transmitir, tras haber sido traicionado. “La vida sigue…-comienza-…Un hombre importante intenta tener a su alcance cosas que le entusiasmen… que le entusiasmen… que le entusiasmen –repite tres veces lentamente- ¿qué me gusta a mí? ¿por qué siento admiración? ¿qué me produce deleite?... el beibol –lo dice mientras muestra un bate y continua lentamente- … Un hombre está de pie en el puesto de meta…¿qué está a punto de conseguir? Va a conseguir una proeza individual. Está allí de pie, sólo. ¿Pero en el campo qué es?... Forma parte de un equipo. Mira, lanza, batea, corre…pero es parte de un equipo. Batea a lo largo de azaroso día, pero a veces da palos de ciego. Si su equipo no le ayuda ¿qué pasa?... ¿Me vais siguiendo?. Es un domingo soleado, las gradas están repletas. ¿Qué creéis que está pasando?... ¡Voy a lucirme yo solito!... pero jamás ganará el partido a menos que el equipo le ayude…”. Capone pasa en ese momento de las palabras a los hechos y golpea repetidamente al don que le ha vendido.
Si continuamos con el símil deportivo podríamos detenernos en Guardiola y recordar las escenas de ‘Gladiator’ que les hacía ver a sus jugadores antes de los partidos importantes. Pero dejamos a Pep camino de Alemania y nos quedamos con el gran Al Pacino y la arenga a sus jugadores en ‘Un domingo cualquiera’. “No sé qué decir en realidad. Tres minutos para la mayor batalla más importante de nuestras vidas profesionales; todo se reduce a hoy. O nos conjuramos, como equipo, o nos desmoronamos. Jugada a jugada, pulgada a pulgada… hasta el final. Ahora estamos en el infierno caballeros… Creedme, y... o nos quedamos aquí dejándonos machacar o… luchamos por volver a la luz. Podemos salir del infierno, podemos hacerlo pulgada a pulgada. Yo no puedo hacerlo por vosotros; soy muy viejo. Miro a mi alrededor, veo esas caras jóvenes y pienso: he cometido todos los errores que un hombre de mediana edad puede cometer… he despilfarrado todo mi dinero, podéis creerlo… he echado de mi vida a todo el que me ha amado… y últimamente siquiera soporto la cara que veo el espejo… ¡Mirad! Cuando te haces mayor en la vida hay cosas que se van…, vamos, eso es parte de la vida, pero sólo aprendes eso cuando empiezas a perder esas cosas. Descubres que la vida es cuestión de pulgadas… así es el fútbol… porque en cada juego, la vida o el fútbol, el margen de error es muy pequeño. Medio segundo más lento o más rápido y no llegas a pasarla. Medio segundo más lento o más rápido y no llegas a cogerla. Las pulgadas que necesitamos están a nuestro alrededor… están en cada momento del juego, en  cada minuto, en cada segundo… en este equipo luchamos por ese terreno, en este equipo nos dejamos el pellejo por esa pulgada que se gana, porque, cuando sumamos una tras otra, porque sabemos que si sumamos esas pulgadas, eso es lo va a marcar la puta diferencia entre ganar y perder, entre vivir y morir. O nos juramos como equipo o moriremos como individuos. Eso es el fútbol chicos. Ahora, ¿Qué vais a hacer?”.

 

Los discursos cinematográficos también son capaces de enviarnos ideas de actualidad. En ‘Las uvas de la ira’, de Tom Ford, el bracero y sindicalista Tom Joad hace una llamada al orgullo de los trabajadores que más de uno debiera revisar. “Estaré en todas partes, allí donde puedas mirar. Donde se luche para que los hambrientos puedan comer, allí estaré. Allá donde un policía haya apaleado a un inocente, yo estaré. Allá donde los niños rían al sentir hambre, estaré. Y allí donde los hombres coman de la tierra que trabajan y vivan en las casas que construyan, allí también estaré”. Palabras recogidas también en la canción 'The Ghost of Tom Joad', de Bruce Springsteen.

Un actualidad a la que el cine ya se adelantó si hablamos del desapego ciudadano a la clase política, a las acciones de los gobiernos y a la cesión de derechos. En ‘V de vendetta’. El enmascarado –imagen que es ahora símbolo del movimiento Anonymous- recuerda a los ciudadanos que “antes teníais libertad para objetar, libertad para pensar y decir lo que pensabais. Ahora tenéis censores y sistemas de vigilancia. ¿Cómo ha ocurrido? ¿Quién es el culpable?... Bueno, la verdad es que algunos son más responsables que otros y tendrán que rendir cuentas, pero, la verdad sea dicha, si estáis buscando un culpable, sólo tenéis que miraros en el espejo”.
En el mismo sentido, en ‘El Club de la lucha’ se escucha un mensaje para quien lo quiera oir: “Perseguís a la gente de quien dependéis; preparamos vuestras comidas, recogemos vuestras basuras, conducimos vuestras ambulancias y os protegemos mientras dormís… así que nos os metéis con nosotros”. El personaje interpretado por Brad Pitt concluye: "Somos los hijos malditos de la historia". Ahí, quizá haya que recordar también al señor Kane, al ciudadano Kane, y su fastuoso y suntuoso discurso: “No es tan complicado hacer dinero, cuando hacer dinero es lo único que se pretende. Si no hubiera sido tan rico, habría sido un buen hombre”; aunque tal vez nadie consiguió resumir todo de forma tan perfecta en una sola palaba: "Rosebud".


Mañana las noticias recogerán intervenciones de diferentes personalidades -políticos, empresarios, sindicalistas, artistas...- y rara vez serán tan brillantes como las que regala el celuloide. Es Seguro que ninguno de los protagonistas de las páginas de los periódicos habrá dedicado tres semanas –siquiera diez minutos- a preparar su discurso improvisado./Javi Muro.

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