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{CULTURA / CINE}

'Me lo llevo. Cine de corrupción'

En España, desde que vivimos en Democracia –tomando como referencia el año 1978- se han registrado, al menos, dos casos de corrupción al año. Tirando de hemeroteca digital es sencillo localizar, al menos, 73 presuntos casos y operaciones policiales, desde la intervención en 1980 de la entidad de ahorro Fidecaya por una presunta estafa de 1.800 millones de pesetas que afectó a 250.000 personas, hasta las recientes tramas de los ERE’s, Urdangarin, Gurtel, Bárcenas y las multimillonarias, ya en euros, cuentas en Suiza.


Según el Código Penal, corrupción es el uso ilegítimo del poder público para el beneficio privado, así como todo uso ilegal o no ético de la actividad gubernamental para obtener un provecho personal o político. Entre los delitos que entran el terreno de siembra es amplio; sobornos, malversación, tráfico de influencias, abuso de funciones, enriquecimiento ilícito, cobro de comisiones, blanqueo de dinero, transferencias de activos de origen ilícito, prevaricación, fraudes, extorsiones, caciquismo, clientelismo político e,  incluso, relaciones con el crimen organizado. Era demasiado abono para que el cine lo pasara por alto. El cine americano principalmente, ya que raras son las producciones españolas que han adoptado el maravilloso fango narrativo para trasladarlo a la pantalla.


En general el séptimo arte ha encontrado en las cloacas de los gobiernos, partidos políticos y empresas de distinta índole un filón para sus guionistas. Y es que hay que reconocer que en la ficción, toda historia desarrollada entre tinieblas y oscuridad resulta atractiva. Lo que quizá no supieran aquellos primeros escritores de películas como ‘El Político’ (1949) es que su imaginación, a diferencia de la Julio Verne, se iba a quedar corta.


En el cine, la corrupción aparece como un personaje más. Afecta a la esencia de los valores democráticos, produce una sensación de fractura social y pone en entredicho el respeto y la confianza de los ciudadanos. A lo largo de su historia, el cine ha abordado en infinidad de ocasiones la corrupción como argumento, a veces de forma directa y otras como escenario o telón de fondo. Corrupción por dinero, poder, por la fama y hasta por amor y, por supuesto, la que afecta a todo sistema político, económico y judicial. En esas tramas siempre hay un personaje corrompido o en vías de serlo. Los guiones habilitan un espacio para la redención y también suele aparecer un héroe que se enfrenta a la inmoralidad.

 

Quizá, tres frases de ‘El Padrino’ pueden servir de resumen del  planteamiento, nudo y desenlace de éste género cinematográfico y, quizá también, de algunas de las noticias que abarrotan y abruman las páginas de los periódicos en estos días: “Voy a hacerle una oferta que no podrá rechazar”, “Algún día, y puede que ese día nunca llegue, iré a pedirte un favor’ y “No es nada personal, son los negocios”. Oferta, trato y ejecución del pacto; el día a día.

Uno  de los primeros ejemplos de la relación del cine con el argumento de la corrupción es la película ‘Caballero sin espada’ (Frank Capra, 1939), en la que el protagonista, Jefferson Smith (James Stewart), un joven ingenuo e idealista, que parece fácilmente manipulable, es nombrado senador. Smith ignora que en Washington tendrá que vérselas con políticos y empresarios sin escrúpulos que le harán perder la fe en la política. Sin embargo, gracias a su secretaria, una joven que conoce muy bien los entresijos del sistema, protagoniza en el Senado una espectacular y maratoniana intervención en la que, además de defender apasionadamente la democracia, pone en evidencia una importante trama de corrupción.

‘El Político’ (Robert Rossen 1949) es otra magnífica puesta en escena de lo que poco a poco va convirtiéndose en nuevo género. Cuenta la historia de Willi Stark (Broderick Crawford), un hombre honrado y valiente, que sufre una transformación el día que decide entrar en política y descubre que todo es juego sucio. Tras ser elegido gobernador olvida sus principios y lo primero que hace es apoderarse de la prensa y la radio. Convertido ya en un ser corrupto no duda en hacer cuanto esté en su mano para permanecer en el poder. Controlar los medios siempre es una objetivo y ahí personajes como Bersluconi son maestros casi inimitables.

 

Un género que no ha perdido fuerza en pleno siglo XXI, también en nuestros días el cine ha abordado los abusos de poder desde la política. En 2011, George Clooney dirigió ‘Los Idus de Marzo’, una película en la que un joven e idealista, interpretado por Ryan Gosling, comienza a trabajar como director de comunicación para un prometedor candidato (George Clooney) que se presenta a las elecciones primarias del Partido Demócrata. Durante la campaña tendrá la oportunidad de comprobar hasta qué extremos se puede llegar con tal de alcanzar el éxito político.

Dentro de las categorías de la corrupción política se encuentra el espionaje ilegal entre políticos, ya pertenezcan formaciones enfrentadas o al mismo partido. En este capítulo destaca un clásico como ‘Todos los hombres del presidente’ (Alan Pakula, 1976). Es el año 1972 y dos jóvenes periodistas del diario The Washington Post, Bob Woodward (Robert Redford) y Carl Bernstein (Dustin Hoffman), comienzan a investigar el allanamiento del cuartel general del Partido Demócrata en Washington. Sus descubrimientos desencadenan el llamado 'caso Watergate', que provocó la dimisión del presidente Richard Nixon.
Y es que el presidente Richard Nixon ha tenido siempre un extraordinario tirón cinematografíco. Oliver Stone en 1995 realizó, en ‘Nixon', su particular biopic sobre uno de los presidentes más controvertidos de los Estados Unidos. Nixon representa para la mayoría, a raíz del Caso Watergate, lo peor de la democracia americana. ‘El desafío Frost-Nixon’ ha sido la última revisión de la actuación del polémico político que tuvo que dimitir y abandonar la Casa Blanca. La película dirigida por Ron Howard en 2008 se basa en la entrevista que el periodista David Frost realizó al presidente Nixon. Desde su salida de la Casa Blanca, el expresidente había permanecido en silencio a lo largo de tres años. En 1977 decidió conceder una entrevista para hablar de su mandato y del caso Watergate. La sorpresa fue que eligiera a David Frost y la incertidumbre si Nixon sería capaz de escamotearse de su papel en uno de los mayores escándalos políticos que había vivido el país.


¿Estaría pensando el protagonista de ‘V de Vendetta’ en Nixon cuando dice aquello de que  “los artistas mienten para contar la verdad, mientras que los políticos lo hacen para ocultarla"?


Y como no, el cine también se ha dejado llevar a la hora de redactar guiones por las relaciones entre las empresas que construyen infraestructuras o prestan servicios y las instituciones que las contratan. Es decir, por las adjudicaciones a dedo y las comisiones; todo tan actual y tan de moda. ‘Chinatwon’ (Polanski, 1974) habla de este tipo de irregularidades y, también es verdad, de mucho más. ‘Chinatwon’ se desarrolla en la ciudad de Los Ángeles; es el año 1937. El detective Gittes, especializado en divorcios, recibe la visita de la esposa de Mulwray, el jefe del Servicio de Aguas de la ciudad, que sospecha que su marido la engaña. Al mismo tiempo, Gittes descubre que los agricultores acusan a Mulwray de corrupción por su negativa a construir un pantano que paliaría la sequía que sufren. Poco después, el escándalo salta a la prensa, y el asunto no deja de complicarse al irse conociendo nuevas irregularidades.


Cuando ya se trata del sistema al completo el que está hundiéndose en el fango, entonces hay que ponerse en contacto con Eliot Ness y sus intocables. El realizador Brian de Palma describió el Chicago de los años 30, la época de Ley Seca. De nuevo aparece la figura del héroe idealista y su implacable persecución de la corrupción con la que la mafia había infectado a todas y cada una de las instituciones del Estado. Basada en hecho reales, narra la caía del gánster más famoso de la historia, Al Capone, y como aunque las pruebas impiden acusarlo de asesinato y comercio ilegal de alcohol es un delito fiscal el que acaba condenándolo.


Un escenario similar de colapso del sistema presenta una de las mejores cintas de cine negro rodadas en las últimas décadas. ‘L.A. Condidencial’ –dirigida por Curtis Hanson, en 1997- cuenta los trapos sucios del departamento de policía y su relación con los clanes mafiosos de los años cincuenta.


Cuando las malas artes y los abusos salpican a las empresas, la filmoteca ofrece argumentos como los recreados en ‘El Dilema’ o ‘Michael Clyton’. En la primera, dirigida por Michael Mann (1999), Jeffrey Wigand, científico y directivo de la famosa tabacalera norteamericana Brown & Williamson, descubre el secreto que la industria del tabaco oculta celosamente: las sustancias que crean adicción en los fumadores. Lowell Bergman, un productor televisivo, arriesga su carrera al invitar a su programa a Wigand, que ve cómo su vida se desmorona tras revelar la verdad a la opinión pública.


‘El Dilema’ ofrece también una visión de la actitud de los medios de comunicación ante según que irregularidades. Ante las dudas de emitir el reportaje que ha elaborado y que desenmascara a la tabacalera, el  productor interpretado por Al Pacino dice irónicamente:"¿Es noticia? Sí. ¿La vamos a publicar? Calro que no. ¿Por qué? ¿Por qué no dice la verdad? ¡No! Porque dice la verdad, por eso no la vamos a emitir”.

 

En ‘Michel Clayton’ (Tony Gilroy, 2007) el protagonista trabaja para un prestigioso bufete de abogados de Nueva York. Su labor consiste en eliminar del modo más rápido y limpio posible los trapos sucios de sus importantes clientes. Clyton no es ni policía, ni abogado, sino una perfecta mezcla de ambos, el compañero fiel que nunca pregunta… hasta que lo hace. Entonces cobran sentidos frases míticas como la que se escucha en ‘Casino’: “El desierto me parecía un lugar inquietante, no sabías quien podía estar enterrado allí”.
En los últimos años la crisis económica y financiera ha consolidado el género. Películas como ‘Margin Call’ (J. C. Chandor, 2011) escriben la crónica de un desastre anunciado. ‘Margin Call’ relata la vida de ocho trabajadores de un poderoso banco de inversión durante las 24 horas previas al inicio de la crisis financiera de 2008. Todo empieza cuando Peter Sullivan (Zachary Quinto), un analista principiante, revela datos que podrían conducir la empresa a la ruina. Entonces se desencadena una catarata de decisiones tanto morales como financieras que producen un terremoto en las vidas de los implicados ante el inminente abismo.


Un año antes, Oliver Stone había presentado la secuela de su célebre ‘Wall Street’, ahora ‘Wall Street, el dinero nunca duerme’. Si en la primera el director de ‘Asesinos Natos’ nos habla de brokers ambiciosos y sin escrúpulos ávidos de amasar grandes fortunas especulando en la bolsa en la segunda se presenta al mismo tiburón de las finanzas tras haber cumplido condena por sus delitos fiscales y en aparente y poco creíble proceso de redención. Ya lo dice Gordon Gecko, el protagonista, “el dinero sólo tiene el inconveniente de que te obliga a hacer cosas que no deseas”.

 

Alrededor de la crisis la gran pantalla ha explotado el canal documental. Así, hemos podido acercarnos a algunas de las razones que han llevado a millones de personas en todo el planeta a perder sus puestos de trabajo y atravesar situaciones de extrema dificultad. Un magnífico ejemplo es ‘Enron, los tipos que estafaron a América’ (Alex Gibnev, 2005). Un trabajo que relata el caso de la empresa Enron Corporation que, en quince años, pasó de ser una pequeña firma de gas de Texas a convertirse en el séptimo grupo empresarial de mayor valor en Estados Unidos, y que acabó en la quiebra absoluta dando lugar a uno de los mayores escándalos de la historia financiera de Norteamérica, con graves repercusiones políticas, salpicando incluso a la Casa Blanca. A través de entrevistas realizadas a algunos de los personajes implicados en la historia ‘Enron, los típos que estafaron a América’ explica cómo los directivos de esta empresa llegaron a convertirla en tan poco tiempo en un imperio financiero. Como resultado: varios miles de desempleados y víctimas de esta estafa, sin posibilidad de recuperar sus fondos.
En el mismo sentido, ‘Inside Job’ indaga sobre las causas y los verdaderos y grandes responsables que desencadenaron la crisis financiera, que ha significado la ruina de millones de personas que perdieron sus casas y puestos de trabajo, y que, además, puso en peligro la estabilidad económica de los países desarrollados. ‘Inside Job’ es una extensa investigación a través de una serie de entrevistas a financieros, políticos y periodistas, en la que se muestra el auge de empresarios sin escrúpulos y la degradación de la política.

 

‘Inside Job’ muestra la escandalosa historia del conocido como ‘gobierno de Wall Street’ y explica cómo la reciente crisis financiera ha sido efectivamente un delito 'interno colectivo' ejecutado por banqueros, políticos, agencias calificadoras, burócratas y profesores universitarios, que utilizaron la desregulación para crear y promover complejos instrumentos financieros derivados y titulizados para beneficiar sus propias cuentas bancarias, mientras hacían la vista gorda cuando el mercado de las hipotecas subprime se desplomaba. Permitieron la destrucción de los ahorros de toda una vida de muchas personas. Tal y como se afirma en la película, “esta crisis no fue un accidente".
Las consecuencias de la quiebra del sistema financiero se han dejado sentir, en mayor o menor medida, en todos los países desarrollados que sustentaban su desarrollo en políticas del ladrillo. En España, ‘Cinco metros cuadrados’, la película dirigida por Max Lemkce en 2011, cuenta las aventuras de Álex y Virginia, una pareja que compra un piso en construcción a las afueras de una gran ciudad porque no pueden permitirse grandes lujos. Con sus ahorros pagan la entrada y aceptan una hipoteca a cuarenta años. Un día, sin terminar el edificio, precintan el solar y paralizan las obras. A partir de ese momento, denuncias inútiles, plataformas a las que nadie escucha, depresiones, rupturas familiares, intentos de suicidio.


Y es que tanto en el cine como en el mundo real se suceden escenas de desamparo e injusticia. Quizá cobra sentido la llamada desesperada que en ‘V de Vendetta’ se hace a una mayor intervención de los Tribunales, cuando su protagonista dedica el concierto que está interpretando a “la señora Justicia, en honor a las vacaciones que parece que se están tomando, y en reconocimiento al impostor que ha ocupado su lugar”,


Hay más títulos como ‘Primary Colors’, ‘El informe Pelícano’, ‘La sombra del poder’, ‘La firma’, ‘Todos los hombres del rey’, ‘El último testigo’, ‘City Hall’, ‘Vamos a hacer dinero’ y series televisivas como ‘Boss’ o ‘Crematorio’ -un extraordinario trabajo sobra la corrupción inmobiliaria y del ladrillo en España- , en las que la inmoralidad y las malas prácticas quedan al descubierto en políticos, jueces, banqueros, brokers, empresarios, alcaldes y policías e, incluso, en todos al mismo tiempo, pero no todo pueden ser corruptelas sin que aparezca el triunfo de los buenos por ningún lado y si estamos hablando de cine en algún momento tiene que producirse un final feliz, un barrido en negro justo.


‘Dios bendiga Islandia’ es, quizá, ese final esperado. ‘Dios bendiga Islandia’, dirigido por Helgi Felixson, es un extraordinario documental en el que se describe como hace unos años Islandia era uno de los países más prósperos del mundo. Pero también como, en un abrir y cerrar de ojos, se convirtió en la más cruda metáfora de la crisis global.


El documental narra desde las manifestaciones de Reykjavik, pasando por la dimisión de los líderes bancarios y gubernamentales, y las elecciones de mayo del 2009, el documental muestra los hechos más dramáticos que sucedieron en Islandia entre el 2008 y el 2009. Relata la historia de la crisis financiera islandesa, poniendo de manifiesto la lucha diaria de sus habitantes contra unos hechos que no sólo han acabado con la economía de un país, sino también con su identidad y como los responsables políticos y financieros fueron juzgados y condenados.


Quizá la gran diferencia entre el cine y la realidad se encuentra en que sobre la gran pantalla somos capaces de identificar al villano con facilidad, mientras que en la realidad éste oculta su verdadera cara sin ningún escrúpulo. Ya lo explican en ‘JFK’: “Se puede sonreir y seguir siendo un canalla”./Javi Muro

 

* Relación de presuntos casos de corrupción localizados vía hemerotecas digitales: Fidecaya, Flick, Kio, Fondos Reservados, Rumasa, Filesa, Osakidetza, Cesid, Operación Mengele, Guerra, Casinos, Ibercop, Urbanos, Sarasola, Urralburu, Bardelino, BFP, Godó, Gran Tibidabo, Estevil, Turiben, Salanueva, Expo 92, Roldán, Paesa, Banesto, Petromucho, Naseiro, PSV, Hormaexhea, Sollés, Zamora, Pallerots, Caso del Lino, Sanlúcar, Villalonga, Tabacalera, Forcem, Gescartera, Malaya, Gil, (diversas tramas urbanísticas), Gürtel, Matas, ladrillazo, Pretoria, Zarrafaya, Ciudad del Golf, Bolín, Salmón, Sayalonga, Matsa, Alzoina, Plasensuela, Castelfollit, ERES's falsos, Riopedre, Campeón, Mullet, Cambril, Porcuna, Nueva Rumasa, NOOS-Urdangarin, Totem, Operación Biblioteca, Berzosa, Garzón, Pitiusa, Divar, Cooperación, Alarcón y Bárcenas...

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