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{CULTURA / CINE}

'De entre los muertos' al Olimpo

En Londres, el pasado 2 de agosto, casi al mismo tiempo que en la piscina olímpica Mireia Belmonte conseguía su primera plata y Michael Phelps su vigesimoprimera medalla, la revista Sight and Sound hacía público los galardones que el British Filme Institute (BIP) otorga cada diez años, a la mejor película de la Historia. Lo viene haciendo desde 1952, Mientras la Villa Olímpica rebosaba de obsesiones deportivas, desde el BIP concedían los laureles del séptimo arte a la historia de otra obsesión, esta vez amorosa y sexual y, por supuesto algo más, porque tratándose la elegida de una película de Alfred Hitchcock siempre hay algo más.


Así, mientras en la piscina todo parecía todo seguir igual que Juegos atrás –prueba a prueba Phelps acumulaba metales-, en la cima del cine se producía, tras cincuenta años, un vuelco en la primera posición de las preferencias de los expertos convocados por el British Film Institute. ‘Ciudadano Kane’, la película de Orson Welles, cedía el primer lugar al que quizá es el trabajo más personal de Alfred Hitchcock, ‘Vértigo’ (1958); ‘De entre los muertos’, según el título de la novela escrita por Pierre Boileau y Narcejac en la que se basa el trabajo del director británico. William Randolph Hearts y su Rosebud ceden el trono -al menos por diez años- a la acrofobia de John Ferguson y las sutiles trampas narrativas del director londinense.

 

Obsesiones, persecuciones, traiciones y engaños, paisajes oníricos, amor, muerte, necrofilia, pasión, pesadillas y sueños; ‘Vertigo’ lo tiene todo. Del mismo modo que ‘Ciudadano Kane’ lo tiene todo. La diferencia en la elección –que se reproduce cada diez años- ha sido de 34 votos de los más de 1.200 posibles. Escasa diferencia; una brazada en la piscina.
‘Vértigo’ es suspense –no podía ser de otro modo con la mano de Hitchcock detrás-, algo de cine negro y mucho melodrama con ritmo melancólico. Es la historia de un detective retirado, John ‘Scottie’ Fergusón (James Stewart), tras estar aquejado de vértigo; un diagnóstico que descubre al contemplar como un compañero cae desde una cornisa durante una persecución. Alejado de la acción, un antiguo amigo le contrata para que con la máxima discreción vigile a su esposa, Madeleine Elster (Kim Novak), quien dice estar poseída. En concreto, por el espíritu de su bisabuela, Carlota Valdés. Scottie no puede evitar que Madeleine se suicide arrojándose desde una torre -la que construyeron para la ocasión en la misión española San Juan Bautista de San Francisco-; entonces descubre que estaba enamorado de ella. Hasta aquí el prólogo.


Tiempo después el personaje que interpreta James Steward se cruza, mientras camina por la calle, con Judy Barton (Kim Novak también), a quien asocia por su parecido con Madeleine. Obsesionado con recuperarla, Scottie entable amistad con Judy y poco a poco trata de transformarla en Madeleine, obligándola a moverse y vestirse como ella. Quiere que sea su Pigmalion; su obra de arte.


Las traiciones, el cine negro, los engaños,el desenlace y el epílogo en definitiva, no tienen sentido en estas líneas sino en las imágenes rodadas hace 54 años en la bahía de San Francisco o, al menos, en la versión restaurada en 1996.


La película contiene las trampas narrativas que tanto gustaban a Hitchcock. “El público que esté viendo la película –decía- no tendrá ni idea de que se trata de un relato criminal. La película debe ser una historia de amor con un tono extraño”.


Como muchas obras maestras a las que el tiempo concede la razón, ‘Vértigo’, que se ha convertido en un clásico de culto, no tuvo un gran recibimiento de la crítica ni tampoco una especial aceptación en taquilla. Hitchcock la estrenó en el Festival Internacional de San Sebastián de 1958. Después, poco a poco, año tras año, ha ido sumando adeptos hasta ser considerada ahora, en pleno siglo XXI, la mejor película de la historia. Pero en el año de su estreno el fracaso en taquilla fue ostensible y Hitchcock culpó de ello a James Stewart. Quizá no en ese mismo momento, pero se lo dejo muy claro cuando inició el proyecto de ‘Con la muerte en los talones' y le explicó que por mucho que quisiera el papel protagonista no se lo iba a dar. “Tenía un rostro –decía- demasiado abatido”. Al final Roger O. Thornhill, al que todo el mundo confunde con George Kaplan, fue interpretado por Cary Grant.

 

Junto a la historia y al guión –obra de Samuel Taylor y Alec Coopel , aunque se rumorea que este último no escribió ni una palabra pero debía aparecer por tema contractual-, los expertos analistas destacan el ritmo y la utilización de las cámaras como elementos narrativos, especialmente a través del efecto ‘trombone shot’, que combina el zoom con un travelling hacia atrás. Hitchcok lo comentó en diferentes ocasiones al justificar la pausa narrativa en comparación con la velocidad de sus otras películas. "'Scottie es un hombre emotivo y contamos la historia desde su punto de vista".
El prestigio y el reconocimiento obtenido a posteriori no evitaron que el rodaje de ‘Vértigo’ contara con las anécdotas y cotilleos habituales en la época. Cuentan que Hitchcock pretendía darle el papel de Madeleine a Vera Miles pero al estar embarazada el director británico se decidió por Kim Novak, a la que tampoco le hizo mucha gracia ser segundo plato. Durante toda la realización del proyecto la tensión entre director y actriz fue constante, ya fuera por el vestuario que ella consideraba “fantasmal” o por inmiscuirse en las decisiones del director. En algún momento Hitchcoct le dijo en el tono frío que acostumbraba: “señorita Novak, usted se peina con el color que quiera y se vite con lo que quiera mientras se ajuste a las exigencias de la historia; mire, usted haga lo que quiera, siempre queda la fase de montaje”. El británico no necesita realizar ofertas irrechazables.


El rodaje tampoco comenzó cuando estaba previsto. Primero por la necesidad de vacaciones de James Stewart –según cuentan por decisión de su mujer Gloria Stewart-; vacaciones que también se tomó después Kim Novak. Coincidiendo con el aplazamiento del rodaje, fue el director el que cayó enfermo, así que los primeros planos de ‘Vértigo’ no se capturaron hasta cuatro meses después de lo que estaba previsto.


Como en muchas de sus películas –tal y como parece que ya hacían Leonardo Da Vinci, Rafael, o Velázquez, en sus pinturas- Alfred Hitchcock tiene su ‘momento’ en ‘Vertigo’. Es el minuto diez y cincuenta segundos, cuando aparece en la puerta de los astilleros. La condición de film de culto de esta película tiene también su expresión en obras recientes como la serie televisiva ‘House’, en la que se puede ver como el despacho del doctor Wilson aparece decorado con el cartel de la película.


Por cierto, la palabra vértigo tan solo se pronuncia una vez al principio de la película, después no vuelve a escucharse./J.M.

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