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{ENTREVISTAS}

Desde el balcón de Taquio Uzqueda

El pintor reúne sus artículos en un libro mientras trabaja en una serie de acuarelas y plumillas

‘Se necesita aprendiz’ es una de las columnas escritas por Eustaquio Uzqueda en el semanario Gente y reunidas en ‘Desde mi balcón’, el libro recopilatorio editado por ‘Siníndice’. El artículo habla de otro tiempo en el que todo era diferente. “Cuando yo era joven –cuenta Taquio-, uno terminaba de estudiar, tanto de la escuela primeria como de cualquier estudio medio o carrera universitaria y al día siguiente tenía trabajo. Por cualquier calle que ibas se veían letreros de ‘se necesita aprendiz’ si era un taller, o ‘se necesita dependiente’ si era una tienda”. No hay duda de que todo ha cambiado mucho, pero como señala la contraportada de ‘Desde mi balcón’, necesitamos personas que nos recuerden la memoria colectiva. Ahí aparece la figura de Taquio Uzqueda, pintor, escultor y también, de alguna manera, cronista logroñés.


Desde el último peldaño de la escalera que conduce hasta el estudio de Taquio Uzqueda se descubre el espacio de trabajo de un artista total. Pinceles, lápices, botes de pintura diversos, cámaras de fotos, un ordenador, esculturas, plumillas, acuarelas y un sinfín de tomos encuadernados y archivadores que acogen las historia de la capital riojana a través de fotografías, postales –algunas de la época del coloreado con el Kodak Retouching Colors- o una colección de cuatro mil cartas, facturas y albaranes, que describen la actividad en Logroño desde finales del siglo XIX en adelante. Recibos y apuntes de modistas, fundiciones, bodegas, librerías o tiendas de saldos que cuentan más, que muchos libros de Historia.


Taquio recuerda, por ejemplo, la carta que recibió Marcos Rezola en 1915 con motivo de la inauguración de la plaza de toros de Logroño. “Él era ingeniero y se carteaba con el ministro de la gobernación, requirieron sus servicios para realizar las pruebas de carga ya que se trataba de una de las primeras obras realizada con hormigón armado y a la gente le daba miedo, se preguntaban si aguantaría o no”.


La extraordinaria documentación que atesora en su estudio facilita enlazar con las motivaciones para escribir ‘Desde mi balcón’. La aventura comenzó por la invitación de Antonio Egido, entonces director de Gente. “Me incito –recuerda Taquio- a escribir algo sobre Logroño con carácter semanal y fíjate ya llevo más de 200 columnas”. La presentada ayer en la Galería Arteaga es la segunda parte y recoge setenta y cinco historias. “Los cien primeros artículos se editaron también en formato libro en 2010”.

 

No ha sido el primer lance literario de Uzqueda. ‘El Forofo’, la revista que seguía las andanzas del Club Deportivo Logroñés, las colaboraciones con La Prensa del Rioja o las ilustraciones de ‘Historia del Vino de Rioja’, ‘El vino de Rioja’, ‘Logroño, Patrimonio Arquitectónico’ o ‘El Sitio de Logroño, San Bernabé y la Cofradía del Pez’ ya contaron con su firma. “En las columnas siempre hablo de Logroño –indica-, de la ciudad que conocí siendo niño y joven; existe un público que también lo ha conocido y lectores a los que les gusta descubrir cómo era su ciudad”.
Mientras pasa las páginas de uno de los archivadores que rebosan Historia real, la de la gente y los comercios, la de las facturas y las cartas, Taquio apunta: “Es un Logroño que desaparecido”. Deja pasar vertiginosas las páginas de ‘Desde mi balcón’ entre los dedos y se asoman títulos como ‘El guateque’, ‘Yo prefiero BIC’, ‘Soltarse el pelo’, ‘La chapa de la bici’, ‘Botas de Flandes’, ‘Podar en verde’, ‘La fuente del Encino’, ‘La playa’, ‘Pepe Guillén’ –el zapatero de la calle San Juan a donde le llevaban a arreglar las sandalias- o ‘Barbos, loinas y bermejuelas’.


Las páginas de ‘Desde mi balcón’ regalan entre artículos fotografías de ese Logroño desvanecido con el paso del tiempo. Y surge la pregunta, esa mirada que realizas desde el balcón qué ciudad te muestra. No duda. “Todo ha ido a mejor. Hablamos de una ciudad en la que había muchas calles sin asfaltar y ahora se mueve una baldosa y ya estamos llamando para que la arreglen. Urbanísticamente, Logroño ha ido a mejor. Nos queda en el debe el Casco Antiguo. Otras ciudades como Burgos, Oviedo o Vitoria se han preocupado de sus cascos antiguos, esa preocupación no ha existido aquí”.


Y existen más diferencias que la evolución de la ciudad ha provocado. “Claro, bajar a jugar a la calle se acabó hace tiempo. Nosotros regresábamos del colegio, cogíamos la merienda y nos íbamos con los amigos a jugar en la calle. Recuerdo que nos íbamos a la vía del tren a poner sobre los raíles las chapas que cogíamos los lunes en los alrededores de los bares del campo de fútbol. Pasaba el tren y las dejaba planas. Ahora, cuando salgo a pasear con mis nietos vamos al parque, a un espacio controlado”.


Desde la perspectiva cultural, Taquio también contempla una ciudad mejor. “Hoy, en Logroño, todos los días hay varias citas culturales. Lo que no hay es dinero para sacar proyectos adelante”. Ahí, quiere hacer un reconocimiento a Diego Iturriaga, responsable de la Editorial Siníndice, “sin él, ‘Desde mi balcón’ hubiera sido imposible porque las instituciones no apoyan, dicen que no hay dinero”.

 

Uzqueda continúa con la reflexión. “La vida cultural de la ciudad no se detiene porque a los que nos gusta hacer cosas las hacemos como gatos panza arriba. Además el mercado del arte está muerto, otros están heridos pero el del arte está muerto”.

Aun así, Taquio Uzqueda continúa pintando. Ha regresado a las acuarelas y las compagina con las plumillas. “Algo que nunca había hecho antes”. Habla de un estilo nuevo. “Quizá con menos color que las acuarelas anteriores”, describe. “Tenía la necesidad de hacer algo diferente, sentía que me aburría, así que me replanteé la técnica, los papeles, los materiales y comencé una nueva serie de pinturas con un estilo mucho más arquitectónico”. Logroño, claro, aparece reflejado a través de sus edificios y rincones, pero también otras ciudades que se encuentran en la memoria colectiva como París o Venecia.


Algunos juguetes de los nietos comparten espacio –el estudio del abuelo es uno de sus lugares favoritos- con las pinturas en reposo, a la espera de un última mirada. Y es que el proceso creativo de Uzqueda comienza con la selección del motivo. “Trabajo mucho –explica- el motivo y el corte que quiero que tenga; muchas veces digo que esta parte del trabajo, mirar y estudiar, me lleva cuatro veces más que la pintura en sí”. El segundo paso es el dibujo sobre el papel que traslada a una tabla donde empieza a pintar conjugando el pincel y la plumilla. El punto final no llega hasta que la pintura ha pasado un tiempo en reposo y en observación. “Es la forma en la que entiendo que consigo –señala- que mis obras cuenten cosas, que tengan personalidad”.


A fin de cuentas, toda la obra de Taquio Uzqueda parece una mirada detenida desde el balcón. “Antes, era habitual asomarse al balcón para observar lo que pasaba en la ciudad; antes era muy normal. Ahora nadie lo hace. ‘Desde mi balcón’ es una forma de ver desde mi atalaya”.


El libro vuelve a abrirse por ‘Se busca aprendiz’, el artículo de Taquio concluye dibujando cambios entre sus ‘Logroños’. “Alguien tendrá –dice- la culpa de todo esto y desde luego no soy yo. Y que no me digan que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, que es mentira, hemos vivido como nos han dejado o más bien como nos han guiado”. Palabra de quien continúa observando desde el balcón. Con el mismo mimo con que ordena sus cuadros –tiene previsto exponerlos en el otoño- guarda y conserva las primeras obras de sus nietos. Ya apuntan maneras./Javi Muro



Autor: Javier Muro

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