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{ENTREVISTAS}

'Rojo Veneciano' es un homenaje a todas las mujeres artistas cuyas obras se nos ha escatimado por prejuicios'

La novela de Soto Colás se sitúa en el siglo XVII y su protagonista es la pintora Juana de Castro

Óscar Soto Colás (Villamediana de Iregua. La Rioja. 1973) es escritor. Su tercera novela, 'Rojo Veneciano' tiene como protagonista a Juana de Castro, una talentosa pintora. Una mujer inconformista. Soto Colás nos sitúa en el siglo XVII en un viaje literario, artístico y feminista, que recorre Valladolid, Italia o el Madrid de los Austrias. "Una novela tiene que entretener -asegura el autor-, pero también debes aprender algo". 'Rojo Veneciano' -el título hace referencia al color que se obtenía de la molienda de minerales que contenían óxido de hierro- "es un homenaje a todas las mujeres artistas cuya obra nos ha sido escatimada por prejuicios"./Javi Muro

 

SPOONFUL.- ¿Qué historia nos encontramos al adentrarnos en las páginas de ‘Rojo Veneciano’?

La vida ficticia de una pintora del siglo XVII, Juana de Castro. La vida de una mujer a la que no dejaron brillar pese al talento que poseía. Un homenaje a todas las mujeres artistas que vieron que en base a un prejuicio no podían ser quienes querían ser, pero sobre todo una novela que intenta emocionar y llegar al corazón del lector.

 

S.- ¿Cómo surge la chispa para comenzar a escribir la novela?

De mis estudios de Historia del Arte. Al estudiar el tema sobre mujeres en el arte me asaltó una pregunta: ¿Cuántas Velázquez femeninas nos hemos perdido porque a ellas no se les permitía el acceso a la formación artística? Esto es válido para cualquier otro campo o disciplina: medicina, ciencia.

 

S.- Como en tus anteriores novelas, la trama se desarrolla en una época pasada. Imagino que implica un amplio proceso de documentación, ¿no?

Una novela histórica debe entretener, porque no olvidemos que es ficción, pero también debes cerrar el libro con la sensación de haber aprendido algo, es algo inherente al género. En ese aspecto la documentación tiene que ser profunda y cuidadosa, has de hacer sentir al lector que ha viajado al pasado. 

 

S.- ¿Cómo y por qué cuentas la historia de Juana de Castro?

La cuento como un homenaje a todas esas artistas cuya obra se nos ha sido escamoteada por un prejuicio. 

 

S.- Por ciento, ¿personaje real o ficticio?

Ficticio, pero lo curioso es que sin pretenderlo su estructura de vida es similar a la de mujeres artistas de su época como Artemisia Gentileschi o Sofonisba Anguisola.

S.- ¿Qué desencadena la historia el personaje o la trama?

En este caso trama y personaje han ido de la mano. Tenía muy claro el carácter del personaje, de Juana, y también los escenarios que quería mostrar: Venecia, Roma, el Madrid de los Austrias… Es una época en el que el arte y su mercado se está convirtiendo en lo que hoy conocemos, así que había una serie de elementos que debían aparecer en la novela: la forma en que se entendía el arte, las técnicas artísticas… Pero no se trataba de escribir un tratado sobre el barroco, así que Juana se enamora, se desengaña, sufre, ríe, llora… y sobre todo pinta, que es su modo de interactuar con el mundo. 

 

S.- Una mujer pintora, con talento es la protagonista. Han sido innumerables las mujeres artistas de gran talento olvidadas a lo largo de la historia pasada y de la historia reciente. No hace tanto del famoso e irónico cartel del movimiento Guerrilla Girls ‘Las mujeres para entrar en un museo tienen que estar desnudas’. ¿Tiene la novela también carácter de reivindicación?

Por supuesto. El arte, la cultura en general retratan a su sociedad y está no puede permitirse el lujo de prescindir de la mitad de su población. Hay mujeres de las que sabemos que pintaron y lo hicieron con relativo éxito, pero de las que no poseemos obra alguna. Además, en el pasado reciente obras atribuidas a grandes pintores resultaron ser de grandes pintoras, así que hay mucho por recuperar y poner en valor. Mujeres artistas ha habido siempre, recuperarlas y recuperar su legado es necesario.

 

S.- Corrígeme si me equivoco, pero en ‘Rojo Veneciano’ dejas atrás el género misterio e intriga de tus dos anteriores novelas, ‘El diablo en Florencia’ y ‘La sangre de la tierra’, ¿no?

El Diablo en Florencia es un thriller ambientado en el Renacimiento, pero La sangre de la vida retrata el momento en que La Rioja se convierte en una potencia vitivinícola en el XIX, no la catalogaría como misterio. Aunque lo cierto es que me gusta narrar de un modo ágil. Quiero que cuando el lector acaba un capítulo no pueda resistirse y tenga abrir el siguiente porque lo que ha leído le mantiene en vilo.

 

S.- ¿El cambio de género modifica también el estilo a la hora de escribir?

Creo que como escritor vas adoptando una serie de elementos que conforman tu manera de narrar. Pero es obvio que cuando el género varia tu estilo ha de adaptarse. Ese es el reto y lo que hace que saltar de un género a otro sea interesante. Si te fijas cada vez hay menos autores/as que se atrevan con todo. Se sienten cómodos (o tienen éxito) con un género y no se mueven de esa zona de confort. A mí me gusta adoptar riesgos, siento que el texto me mantiene en marcha y que el ritmo varía y eso lo hace interesante y placentero.

 

S.- ¿Cómo es tu proceso de escritura?

Siempre digo que paso por tres fases: la preproducción, en la que estructuro la historia, le doy la forma y el tono que busco. La escritura en sí, en la que se trata de picar piedra para que la historia que oculta el papel en blanco salga a la luz. Y la postproducción, donde se hacen las correcciones y se pule en general la novela. El truco, creo yo, es ser flexible y valiente a lo largo de todo el proceso y escuchar al lector que todo narrador lleva dentro.

 

S.- ¿Tienes manías? Siempre el mismo lugar; acompañado de música, en silencio, a unas horas determinadas…

Solo me pongo quisquilloso con el asunto de la música. Suelo poner de fondo temas instrumentales, nunca que contengan letra, será por aquello de no distraerse. Mucha banda sonora, Philip Glass, Brian Eno y por supuesto mucho jazz y clásico. Por lo demás cero manías. Respecto a la hora de escribir, es curioso porque he pasado de ser noctámbulo a muy madrugador a la hora de escribir.

S.- ¿Escribes directamente en el ordenador o primero en papel?

La escritura como tal siempre en ordenador, se adapta mejor a mi manera de escribir, que yo digo que es un poco como pintar, borrando aquí, añadiendo allá… La estructuración la suelo hacer a papel y boli, aunque todo acaba después en una especie de “biblia” de la novela, un documento en word en el que incluyo todo lo que me sugiere la historia y que de un modo u otro quiero plasmar en la novela. Y después anotaciones a mano antes de escribir una escena, en la que anotó lo que quiero que se cuente en la misma.

 

S.- ¿Cómo empiezas a escribir?

Necesito una frase inicial. No demasiado trabajada ni elaborada, algo que surja de modo natural. Como si estuviese contando la historia a un grupo de gente alrededor de un fuego y esa frase inicial fuese la que introduce quienes me escuchan en la historia.

 

S.- ¿Se escribe desde la lectura? ¿Es imprescindible leer para escribir bien?

¿Un cocinero que publica un libro de recetas es un escritor? No. Aunque sus libros tengan mucho éxito, no es un escritor. Leer forma parte indisoluble del oficio de escritor. Igual que para ser músico tienes que escuchar música o para pintar admirar a otros artistas. No llamaría escritor a alguien que no lee habitualmente. Y se nota mucho cuando eso sucede.

 

S.- ‘Rojo Veneciano’ ha sido publicada por Espasa Narrativa, una gran satisfacción, ¿no?

Yo ya conocía la casa, porque El Diablo en Florencia salió con Círculo de Lectores, que entonces estaba integrado en Planeta. Por eso sabía que en el proceso de convertir el manuscrito en un libro me encontraría con gente que ama su trabajo y los libros, como mi editora, Miryam Galaz. Pero como todo en esta vida, estar en una gran editorial tiene cosas buenas y otras no tanto. 

 

S.- Imagino que ya estarás escribiendo de nuevo… ¿Algo que se pueda adelantar?

R: Ciertamente he comenzado hace unas semanas. Pero no puedo adelantar nada, solo que esta vez no me he ido tan atrás en el tiempo.



Autor: Javier Muro

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